jueves, 28 de abril de 2022

La revisión de traducción en el mundo editorial: qué es, cuándo se encarga y cómo se lleva a cabo

 

[Este artículo es un extracto de mi curso «Traducción editorial y corrección tipográfica para traductores», en AulaSIC.]

 



1. La revisión de la traducción en el mundo editorial

En el sector de la edición de libros, que una traducción deba ser revisada por un segundo traductor es un hecho excepcional. Y no tanto porque no exista la necesidad, sino porque se prefiere ahorrar el coste y repartir esta tarea a lo largo del proceso editorial, entre el editor de textos —aunque no tenga el suficiente dominio de la lengua origen— y el corrector de estilo —aunque su competencia se centre exclusivamente en la lengua destino.

Pese a ello, si se diera el caso, y suponiendo que un editor puede requerir para ello los servicios de un traductor de la casa, hay que tener en cuenta que la revisión de traducción no es una traducción nueva, sino una labor completamente distinta, para la que conviene seguir unas pautas y metodología específicas. Las que ofrecemos en este apartado están basadas en las propuestas por Brian Mossop en su obra Revising and editing for translators (Routledge, 2014).


2. El revisor de traducción

El revisor de traducción es el traductor externo (generalmente, un traductor experto del par de lenguas de y a que se haya traducido la obra) que interviene en obras traducidas con un pésimo resultado.

Este segundo traductor coteja la traducción con la obra original, con objeto de:

detectar y resolver problemas de fidelidad en la transferencia del estilo y el significado del texto de origen,

evaluar las soluciones adoptadas por el traductor en aspectos de difícil traslación

y garantizar la integridad del texto original en la traducción.


Sobre la traducción y la corrección en el proceso editorial, merece mucho la pena ver esta lección magistral que ofreció José Martínez de Sousa (en castellano, pese a que el vídeo está titulado en gallego) en la Universidad de Vigo:

«O mundo da corrección no proceso de traducción», en línea en: <https://tv.uvigo.es/video/5b5b364f8f42085d57427bac>.


3. ¿Cuándo decide el editor encargar una revisión de traducción?

Insistimos en lo dicho: raramente. Solo en el caso de que:

se le haya dado el visto bueno al traductor apresuradamente, sin haber leído su obra;

una vez la leen por fin el director editorial o el editor de mesa —o incluso el corrector de estilo externo, que en principio no se dedica a valorar ni revisar la versión, pero que a menudo es el primero en leer íntegramente la traducción—, se encuentran con una traducción que se cae de las manos, con constantes omisiones y que requiere volver atrás en la lectura a cada poco.


4. Cómo decide un editor encargar una revisión de la traducción

Los parámetros de la revisión son los aspectos que un revisor comprueba para detectar qué clase de errores contiene un texto y cuándo su mejora compete a otro traductor o cuándo puede realizarla otro profesional editorial. En Revising and editing for translators, Brian Mossop propone una serie de parámetros agrupados en cuatro bloques y expresados como preguntas sobre la traducción, seguidos por una sola palabra en mayúsculas a modo de referencia:

 



Grupo A: Problemas en la transferencia del significado (Transferencia)

1. ¿La traducción refleja el mensaje del texto original? (Precisión, fidelidad)

2. ¿Hay elementos del mensaje que se han obviado? (Integridad)


Grupo B: Problemas de contenido (Contenido)

3. ¿La secuencia de ideas tiene sentido? ¿Hay alguna incongruencia o contradicción? (Coherencia lógica)

4. ¿Hay errores factuales, conceptuales o matemáticos? (Conceptos y datos)


Grupo C: Problemas de lengua y de estilo (Lenguaje)

5. ¿El texto fluye? ¿Están las oraciones claramente conectadas? ¿Las relaciones entre las partes de cada oración están claras? ¿Hay pasajes demasiado farragosos o confusos? (Fluidez y cohesión)

6. ¿Está el lenguaje adaptado a los lectores de la traducción y al uso que van a hacer de ella? (Adecuación)

7. ¿El estilo es apropiado al tipo de texto? ¿Se ha utilizado la terminología correcta? ¿La fraseología es la habitual en este tipo de textos? (Registro)

8. ¿Se emplea un lenguaje genuino? ¿La traducción recoge las preferencias retóricas de la lengua destino? (Genio del idioma)

9. ¿Se han observado en la traducción las reglas de la gramática, la ortografía y de estilo del cliente? (Norma)


Grupo D: Problemas de la presentación material (Presentación)

10. ¿Hay algún problema en el modo en que el texto se dispone en la página: espaciado, sangría, márgenes...? (Disposición)

11. ¿Hay algún problema en el uso de la tipografía: variantes de letra (cursiva, negrita...), tipo o cuerpo de letra...? (Tipografía)

12. ¿Hay algún problema en la composición y disposición de los distintos elementos del documento: números de página, encabezados, notas al pie de la página, índice...? (Diseño y estructura)


De estos cuatro grupos, solo los problemas detectados mediante las cuestiones de los grupos C y D pueden ser realmente solventados por el editor de textos, el corrector de concepto (en obras técnico-científicas) y el corrector de estilo.

Los detectados mediante las preguntas de los grupos A y B requieren un proceso de cotejo del texto de la traducción con el texto original y de revisión a fondo de la versión, que solo puede realizar otro traductor del mismo par de lenguas, o el editor de textos si es lo bastante competente como traductor de ese par de lenguas.


5. Recomendaciones para el revisor de la traducción

En cuanto a la metodología, el revisor de traducción no debe apartarse de estos preceptos a la hora de acometer su tarea:

1. No basta con leer solo la versión: hay que cotejarla con el original.

2. No hay que preguntarse si una oración puede ser mejorada, sino si necesita ser mejorada.

3. Hay que realizar los menos cambios posibles, orientados al tipo de lector y al uso que el lector ha de hacer del texto.

4. Es preferible hacer pequeños cambios en una oración en lugar de reescribirla.

5. Conviene reducir al mínimo la posibilidad de introducir nuevos errores, evitando realizar cambios sobre los que se alberga dudas. Si no se pueden resolver, esas dudas deben ser comunicadas al cliente (el editor).

6. Cuando se lleva a cabo una corrección lingüística o una mejora estilística, hay que cerciorarse de no haber desvirtuado el texto original.

7. Cuando se realiza un cambio, hay que comprobar si este primer cambio puede conllevar la necesidad de otros cambios (concordancias, unificaciones, etc.).

8. No hay que perder el tiempo en minucias o en cuestiones discutibles que puedan distraer de los errores objetivos de mayor envergadura.

9. No debe limitarse a revisar aspectos de la microestructura del texto, obviando cuestiones macroestructurales, y viceversa.

10. Hay que evitar centrar la atención en los aspectos formales del texto (que ya corregirá el corrector de estilo), si con ello se acaban pasando por alto errores de contenido de la traducción (incongruencias, contradicciones, omisiones, etc.). Dicho sea de paso, no es raro que una obra original arrastre sus propios errores e incongruencias, que el traductor no habrá podido solucionar. En este caso, si el revisor las detecta, debe localizarlas en el texto y añadirlas a la hoja de dudas e incidencias que adjuntará al cliente, con su revisión.

11. Se deben comprobar tanto las cifras como las palabras; también son parte del mensaje.

12. Debe leerse el texto poniéndose en la piel del autor y también del lector.

13. Conviene adoptar un procedimiento que permita lograr un equilibrio razonable entre el grado de exactitud de la traducción y el grado de comprensibilidad.

14. No hay que realizar cambios que no se puedan justificar.

15. Hay que evitar imponer la propia idiosincrasia (estilo) lingüística al traductor que se revisa.

16. Al finalizar la revisión, hay que releerla de nuevo, para asegurarse de que no hay lapsus propios y todo queda bien trabado.


Como guía del proceso de traducción y de la autorrevisión que el propio traductor debe llevar a cabo en su texto, antes de entregarlo al editor, una obra muy recomendable es la de Elvira Cámara Aguilera: Hacia una traducción de calidad. Técnicas de revisión y corrección de errores, Madrid, Grupo Editorial Universitario, 1999, 181 pp.

Silvia Senz

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