viernes, 5 de octubre de 2012

Entrevista a José Martínez de Sousa

Con permiso expreso del entrevistado, reproducimos la entrevista a José Martínez de Sousa publicada en Prosofagia,  Revista Literaria, número 16 (septiembre 2012):




Pepe Martínez de Sousa

Por Boris Rudeiko



Háblenos de usted
En 1949, con 16 años, realizó su primer trabajo tipográfico en un taller escuela de artes gráficas. ¿Qué recuerdos conserva de aquellos años y cómo influ­yeron en su vida?
Fue una época crucial, como suele suceder. Me encontraba interno en un colegio salesiano. Todo estaba por definir, y en ese momento empecé a valorar cuanto me rodeaba. Me di cuenta entonces de que pertenecía a una sociedad y de que esa sociedad me iba a exigir, no tardando mucho, que fuera capaz de integrarme en ella totalmente.

Se declara autodidacta. Cuéntenos cómo aprendió.
Después de los años de estudio de tipografía, cuatro en total (repartidos entre Sevilla y Madrid), me trasladé a Barcelona, donde entré en Editorial Bruguera como corrector tipográfico. La época era difícil y encontrar un trabajo fijo suponía toda una hazaña (no exactamente como hoy, pero muy cerca). Ocho años después me trasladé a La Vanguardia (diario de Barcelona), donde trabajé los dos años siguientes, tras los cuales pasé a Editorial Labor. En esta editorial, en mi opinión la mejor que ha tenido España, aprendí y apliqué los elementos de la edición. Aprendí todo lo que me quisieron enseñar y enseñé todo lo que de mí quisieron aprender.

Recibió la medalla del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. ¿Qué significó este galardón para usted?
Fue un momento de mi vida especialmente emotivo, porque pienso que no me lo merecía, lo cual agiganta su valor. Suponía, además, una especie de espaldarazo por una obra realizada a lo largo de muchos años. También valoro la presencia en aquel acto de muchos amigos que siempre han creído en mí.

Es bibliólogo, lexicógrafo, escritor, conferenciante, pero, en espe­cial, ortotipógrafo. ¿Alguna de estas actividades le ha resultado más gratificante en el plano profesional, intelectual o humano?
Todas esas técnicas son para mí muy importantes y en todas he querido especializarme en medida suficiente como para poder realizar, apoyándome en ellas, las obras que he escrito, las conferencias, cursos y cursillos que he dado, los talleres que he dirigido, etcétera. La ortotipografía es tal vez la más moderna (curiosamente), no porque lo sea en sí, sino porque los medios modernos han ampliado increíblemente la capacidad individual para llevar a cabo la realización de un impreso por complejo que sea (con algunas limitaciones técnicas si no se cuenta con los conocimientos y los medios necesarios). Hacer un libro es hoy posible para cualquiera. Hacerlo bien es otra cosa. Aquí es donde entran en acción la bibliología y la ortotipografía, indispensables, hoy como siempre, para realizar una obra bien hecha.

¿Qué clase de literatura le gusta leer y cuáles son sus autores favoritos?
Si tuviera tiempo para dedicarme a ella, la histórica.

Se dice que usted ha rechazado varias veces entrar en la Academia de la Lengua. ¿Por qué?
Hay que empezar diciendo que la Academia a mí nunca me ha propuesto para ocupar un sillón en la institución. Otra cosa bien distinta es que la Academia, por persona interpuesta, me ofreciera por tres veces la posibilidad de integrarme en ella a título de académico correspondiente en Cataluña. Como es sabido, este último nombramiento conlleva obligaciones, pero apenas reconocimientos (por no decir ninguno). La gente cree que esa designación es equivalente a la de académico numerario, y no es cierto. De aquí que al saber que lo he rechazado se pregunten unos y otros qué es lo que quiero. En el año 2004, con motivo de una visita a la Academia relacionada con el Diccionario panhispánico de dudas, Gregorio Salvador y Víctor García de la Concha, a la sazón secretario y director, respectivamente, me mostraron su extrañeza por mi rechazo al nombramiento. Les respondí que yo no rechazaba el nombramiento de académico numerario, justificado por mi producción y mi trayectoria, pero sí rechazaba el de correspondiente porque creía que no se ajustaba a los méritos contraídos por mí a lo largo de los años. La Academia no tardó en darme cumplida respuesta. Con motivo de una entrevista que me hacía la revista La Clave de la Opinión Pública (mayo-junio 2006, pp. 82-84), Gregorio Salvador se refirió a sí mismo como «nosotros, los lingüistas de verdad», en maligna referencia a mi condición de autodidacta (condición de la que yo nunca he renegado). Como consecuencia de todo ello tenemos la situación actual: la Academia me considera persona non grata. Lo que no sabe la Academia es que, en justa correspondencia, yo la considero una institución que no merece ningún respeto por mi parte (y que se salve quien pueda).


Háblenos de sus libros
Ha publicado una extensa obra sobre tipografía, ortografía, lexi­cografía, bibliología... En 1974 publicó sus dos primeros libros: Diccionario de tipografía y del libro y Dudas y errores de lenguaje. ¿Puede hablarnos de ellos? ¿Qué significaron para usted?
Son dos obras que nacen por mis propias necesidades en relación con su contenido. Mientras trabajaba en Bruguera echaba de menos obras que nos ayudaran a los correctores a resolver nuestros problemas. Esas obras, sencillamente, no existían. La idea fue madurando, y al ingresar en La Vanguardia decidí dar forma a los materiales, primero los del Diccionario de tipografía y del libro y después los de Dudas y errores de lenguaje. Los dos se vendieron muy bien, pero el diccionario vino a ocupar un vacío que realmente existía en la bibliografía del español. Aún hoy día algún editor ha sugerido la idea de reeditarlo una vez más, pero es preferible que quede para siempre como lo que es: un clásico.

En 1987 la Fundación Germán Sánchez Ruipérez publicó su Diccionario de ortografía técnica, que comprende la ortografía tipográfica u ortotipografía. ¿A qué tipo de profesionales va dirigida esta obra y por qué?
Se trata de un paso adelante en la descripción de la materia que empezó con el Diccionario de tipografía y del libro. Va destinado a los autores, escritores, traductores y toda persona que necesite preparar un original para la imprenta.

¿En general, a qué tipo de lectores van dirigidas sus obras?
Está casi respondida en la respuesta anterior. Sin embargo, cada obra tiene un lector específico y el conjunto trata de enriquecer a un grupo amplio, a veces no definible de una vez, de personas que tienen necesidades concretas. Algunas de esas obras han muerto por falta de actualidad y aquellos de sus contenidos que aún son válidos se han incorporado a otros libros actualizados. A veces, como en el caso del Diccionario de lexicografía práctica, van claramente destinados a un lector concreto. Otros, como el Manual de estilo de la lengua española, a un destinatario más amplio.

¿Quién corrige sus libros?
Naturalmente, yo. No solo como autor, a lo que tengo derecho contractual, sino como corrector tipográfico y de estilo. Pero no soy el mejor corrector de mis libros. Esa función debe encomendarse a un corrector tipográfico, una persona que sea capaz de olvidarse de quién es el autor y corregir en consecuencia, con plena libertad.


Háblenos de la ortografía, la ortotipografía y las normativas

En su libro Reforma de la ortografía española, publicado en 1991, propone una reforma del código ortográfico. De acuerdo a la actual Ortografía, ¿considera que sus propuestas han tenido eco?
No, ninguno. En su actual ortografía la Academia no se ha propuesto realizar una reforma de la ortografía española, sino introducir algo de lógica en el conjunto de normas por que se rige el código ortográfico. Otra cosa es que lo haya conseguido. Yo creo que no. Es más: su afán, no cumplido, de que esta edición tratase en extenso de ortotipografía ha perjudicado la obra, puesto que ha introducido una serie de comentarios y normas en los que se da por supuesto que el lector conoce otros aspectos de tales normas, y no es cierto.

En ocasiones puede haber normas de ortografía que entren en conflicto (al menos en apariencia, que resulten incompletas o algo insuficientes en la ole) con las normas tradicionales de ortotipografía, por ejemplo, en el uso de los signos dobles con los signos de puntua­ción o de las comillas en concurso con las cursivas. A su juicio, ¿existe una norma o técnica que debe prevalecer siempre, o la norma depende del ámbito de escritura?
No, no existe esa norma unificadora en el encuentro de signos de diverso uso. Hay tendencias, como puede ser la anglosajona y la latina, y cada una trata de que se acepte su propio uso. Por ejemplo, el punto dentro o fuera de las comillas de cierre en las citas, la situación de la llamada de nota cuando coincide con un signo, la grafía de los paréntesis y otros signos cuando coinciden con la cursiva, etcétera. En general, tradicionalmente se han estado aplicando normas de origen francés, pero en la actualidad se advierte una notable influencia del inglés. Influencia que no todos aceptamos.

¿Qué opinión le merece la «sublevación» de algunos académicos frente a ciertas normas de ortografía, como por ejemplo el señor Pérez-Reverte, que continúa escribiendo con tilde «sólo»?
Creo que ha sido bochornoso el enfrentamiento entre académicos, enfrentamiento del que hemos sido asombrados espectadores. De todas formas, al parecer están muy justificadas las comillas con que algunos medios han escrito la palabra sublevación. Se ha corrido la voz de que todo fue una puesta en escena (otros lo llaman montaje) para estimular la venta de la nueva Ortografía. Yo no estaba allí… En cuanto a decisiones como la de Pérez-Reverte, es impropia de un académico (y si realmente no está de acuerdo con las decisiones académicas, que dimita). Yo también me he «sublevado» y sigo escribiendo guión, con tilde, pero no soy académico. Ciertamente, en mi opinión la postura maximalista de la Academia en relación con la tilde de voces como guión, pión, Sión, etcétera, es inaceptable.

La Real Academia Española en tres siglos ha publicado diez ediciones de la ortografía, siendo la actual del año 2010 y la anterior de 1999. ¿Cree que esta menor diferencia en tiempo de las últimas revi­siones pueda marcar una tendencia para más prontas actualizaciones de la ortografía por las academias o, más bien, que se haya ejecu­tado la sustitución de la obra de 1999, tan escueta que resultara insu­ficiente? ¿Le parece que las 800 páginas de la Ortografía de 2010 podrían ser indicativas de una obra concebida para perdurar en el tiempo?
Desde luego, 162 páginas pueden considerarse pocas si pensamos que se trata de la Ortografía de una gran lengua, pero, por el contrario, 800 son muchísimas en este mismo caso, especialmente si tenemos en cuenta que es una obra muy densa. Tal como usted apunta, esas 800 páginas podrían ser indicativas de una voluntad de perduración, pero hay otros elementos que nos indican que no es así. Por ejemplo, las imperfecciones con que nace esta edición. Los defectos de esta obra nos indican que pronto debería tener otra edición, que superara los defectos y errores de esta. Sin embargo, es probable que la Academia no quiera afrontar el trabajo, del que salió escaldada en 1999 y ahora en el 2010.

El pasado 8 de mayo se presentó la Ortografía básica de la lengua española, que en palabras del académico responsable de la edición, don Salvador Gutiérrez Ordóñez: «Es una ortografía en la que nada sobra y nada falta». Sin embargo, es un libro de 250 pági­nas frente a las 800 de la Ortografía de la lengua española. Parece una diferencia muy grande, ¿realmente, cree que nada falta en la Ortografía básica, o quizá es que sobra algo en la Ortografía?
Me apunto a esta última sugerencia. Precisamente una forma de encarar la edición ideal de la Ortografía sería podar en ella todo lo que en ella sobra manifiestamente. Después, entre otras cosas, organizarla mejor y dotarla de una mejor tipografía. Por supuesto, añadirle un índice alfabético y una bibliografía que ponga claramente de manifiesto quiénes o cuáles son las fuentes de las que ha bebido.


Háblenos de la literatura y el mundo editorial
Hoy día se utilizan mucho las nuevas tecnologías de la informa­ción y muchas personas escriben en las redes sociales, en blogs, etcétera. ¿Cómo ve la salud de la ortografía en estos medios?
Mientras podamos acercarnos a ellos con el convencimiento previo de que la que allí vamos a encontrar no es la ortografía estándar, no veo yo mucho peligro, porque son medios distintos. En el momento en que rechacemos esas grafías o bien en el momento en que esas grafías se desborden de su medio actual y «contaminen» el entorno considerado «puro» advertiremos que algo falla. De todas maneras, tampoco hay peligro: la ortografía, como el resto del lenguaje, ha cambiado siempre a lo largo de los siglos. No hay más que mirar con espíritu crítico la ortografía de hace tres siglos y compararla con la actual.

Prosofagia va dirigida a un público lector principalmente intere­sado en escribir y publicar literatura de ficción, en una época carac­terizada por profundos cambios en cuanto a cómo y dónde se escribe, y cómo y dónde se publica. ¿Cómo ve el mundo editorial en la actua­lidad? ¿Qué transformaciones se están produciendo, a su juicio, ante la apertura de campos no tradicionales, como la existencia de amplias posibilidades para que un autor autopublique sus obras, o la producción de libros electrónicos?
En mis años de trabajo en Editorial Bruguera llegué a leer profesionalmente miles de novelitas de amor, del oeste y policiacas. Ha pasado el tiempo y las cosas han cambiado. Para bien o para mal, pocas son como antes. Ya no es necesario agotar hasta la extenuación las viejas cintas de las también viejas máquinas de escribir. Hoy existen las tecnologías que nos permiten componer un texto (por ejemplo, una novela), compaginarlo, corregirlo y enviarlo a la sección de producción de la editorial. Pero hay un peligro: si el realizador de estas funciones no posee los conocimientos precisos para ello, mejor será que se abstenga. Las cosas se hacen hoy como entonces, solo que con mayor facilidad y más aprisa. Por ello, es aconsejable que el autor novel no intente realizar por sí mismo las tareas de confección de una obra si antes no ha aprendido cuanto se necesita saber. Puede ser fácil, pero hay que saber.

¿Piensa que un escritor debe conocer bien la ortografía y la ortoti­pografía? ¿Cuál sería la formación ideal de un escritor?
Depende del tipo de trabajo que lleve a cabo, pero, en general, debe saber bien, con garantías, todo lo relacionado con la ortografía usual o académica. La ortotipografía corresponde a los profesionales del impreso, sea cual fuere este, y son estos los que deben dictar las normas de composición y compaginación. Si el corrector de estilo tiene, además, buenos conocimientos de ortotipografía, miel sobre hojuelas. Podrá preparar el original para la imprenta, pues, como es sabido, un original complejo requiere que un experto señale los cambios diacríticos que hay que tener en cuenta en relación con el texto general.

Usted ha sido corrector editorial. ¿Qué tiene que saber un corrector?
Si es un corrector de concepto (poco habitual), debe conocer bien la materia (el concepto) de que trata la obra; si es corrector de estilo, la gramática y el léxico principalmente, y si es corrector tipográfico, todo lo que se refiere a la tipografía, la ortografía, la gramática, la ortotipografía, etcétera. En el etcétera van englobadas una serie de habilidades difícilmente clasificables, como la atención y la búsqueda del detalle.

¿De toda su obra, qué libros recomendaría a un escritor novel y de cuáles se siente más satisfecho?
Le recomendaría el Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas, el Manual de estilo de la lengua española (mele4), el Diccionario de usos y dudas del español actual (dudea) y la Ortografía y ortotipografía del español actual; si le interesara mucho la terminología del medio, le recomendaría el Diccionario de bibliología y ciencias afines, todos ellos de la Editorial Trea, de Gijón. Si quisiera conocer el campo de la realización de un libro, le recomendaría el Manual de edición y autoedición, de la Editorial Pirámide, de Madrid.
En cuanto al grado de satisfacción, me gustan todos por igual, más o menos, pero cada uno tiene su campo propio y también su historia.

Y para terminar, en Prosofagia apreciamos sus manuales y nos consideramos alumnos suyos en cuestiones de ortotipografía. ¿Qué piensa de nuestra revista?
Por la calidad de las personas que intervienen en ella con distintas funciones, creo nos hallamos ante una publicación que puede tener un futuro esperanzador. ¿La fe mueve montañas? Bueno, tampoco se necesita tanto.

Muchas gracias a Pepe Martínez de Sousa por someterse a nuestras preguntas y permitirnos conocer un poco más de su persona y de sus publicaciones, que consideramos imprescindibles en el mundo de la edición y la escritura.
Las gracias las merecen ustedes por facilitarme la posibilidad de asomarme al mundo de los creadores literarios.

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TIPOGRAFÍA


José Martínez de Sousa


Nació el 25 de octubre de 1933 en San Miguel de Tabagón, parroquia de El Rosal, Pontevedra, España. Con diez años de edad se trasladó con su madre a Sevilla, donde a los pocos meses murió ella; él fue internado en un colegio regido por las hermanas de la caridad. En 1948 pasó a otro colegio dirigido por los salesianos. En octubre de 1949 comenzó sus estudios de tipografía y el oficio de cajista en un taller escuela de artes gráficas, donde realizó su primer trabajo tipográfico.


Martínez de Sousa es un autodidacta, tal como él mismo se define: «Todos mis conocimientos profesionales son absolutamente autodidácticos. Aprendí por mi cuenta (y riesgo) lo que necesité cuando me hizo falta».
Está considerado como una de las máximas autoridades en tipografía, ortotipografía y bibliología.
Ha escrito 24 libros sobre tipografía, ortografía, lenguaje y bibliología. También es notable la cantidad de conferencias, cursos y cursillos impartidos, así como las críticas, prólogos y ­artículos escritos a lo largo de su dilatada vida profesional.


Ha sido:
Presidente de honor del Comité Español de la Asociación Internacional de Bibliología (con sede en París) (1991-1997).
Presidente de la Asociación Española de Bibliología (aeb) (1997-2000), con sede en Salamanca.
Presidente de la Asociación Internacional de Bibliología (aib) (1998-2000), con sede en París.

Es Presidente de honor de la Asociación Española de Bibliología (aeb) desde el año 2000.
El 23 de abril de 2007, en un acto solemne, le fueron entregadas
la medalla, la placa y la insignia del Ateneo de Madrid.

Más información en su web: http://www.martinezdesousa.net/

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