viernes, 1 de octubre de 2021

Qué es la norma mediática y editorial y por qué diverge de la norma académica

Crear una norma propia y obras de uso interno que la recojan es una de las maneras de guiar al autor, al redactor, al traductor y a muchos otros profesionales de los medios de comunicación e impresos por el camino correcto para llegar al destino deseado: un medio o una publicación de calidad que cumpla, además, los códigos deontológicos profesionales. 

Veamos con detalle en qué se fundamentan, qué contienen y qué papel desempeñan los libros o guías de estilo y por qué a menudo divergen de la norma académica.

 


1. Por qué es necesaria una norma editorial

Al profano en edición y periodismo puede resultarle extraño que un medio editorial no se baste con las normas del lenguaje y los cánones tipográficos generales para desarrollar su labor. Pero lo cierto es que no solo no bastan, sino que en más de una ocasión resultan un engorro. No hay un entorno donde podamos hallar mayor casuística y campo abierto para los usos combinados del lenguaje, la imagen y la tipografía, ni en cuyo manejo intervengan tantas manos, que el de las publicaciones. Y es sobre todo a las exigencias de esa gran variedad y complejidad a lo que el editor debe atender y a lo que se da respuesta mediante la confección de un prontuario (repertorio normativo) interno, de fácil consulta: las guías de estilo editorial.

 

2. Criterios de la norma editorial

Solo en lo relativo al texto, el material que se incluye en las guías de estilo de cualquier tipo de negocio editorial (prensa, revistas y libros) se selecciona sobre la base de una serie de criterios específicos del lenguaje, la comunicación y el negocio editorial y periodístico, que, en cuestiones de lengua, no siempre convergen con los de la norma de la academia o institución que establece el estándar general de una idioma y que desarrolla sus tres principales códigos (léxico general, gramática y ortografía). Estos son los criterios que rigen las normas que establecen las editoriales para su uso exclusivo:

1. Los criterios de actualidad informativa (propio de las publicaciones diarias) y de eficacia (propio de todo tipo de empresa editorial), que exigen:

dar rápida respuesta a cuestiones de lenguaje que no están bien fijadas y sobre las que aún no existe referencia suficiente o adecuada;

agilizar y optimizar, con ello, el trabajo de los redactores, los editores de texto y los correctores.

Un ejemplo de aplicación del criterio de actualidad informativa es el uso preferente en los medios de topónimos oficiales en lugar de sus exónimos. Si bien la norma académica prescribe el uso de exónimos tradicionales, cuando, por razones políticas o históricas, se oficializa un topónimo, los medios pasan a utilizar el topónimo oficial, colocando entre paréntesis el exónimo hasta que el lector se habitúe. Sería este el caso de Sri Lanka (Ceilán) y Myanmar (Birmarnia), y de los nuevos gentilicios que espontáneamente originan en castellano(esrilanqués y myanmeno, myanmarense o myanmareño).

Hoy en día, los medios periodísticos y las editoriales especializadas cuentan con la asistencia de entidades y organismos que son de ayuda a la hora de decidir cómo tratar un término relacionado con la actualidad o aún no establecido en un idioma; por ejemplo, para la prensa, pretende cumplir esta función la FundéuRAE (anteriormente Fundéu BBVA). No obstante, la Fundéu suele mantener un equilibrio precario entre el seguimiento de la norma académica y el servicio a los medios, como podemos ver en su recomendación de mantener el exónimo tradicional Birmania en lugar de Myanmar, ya habitual en los medios y en entornos diplomáticos:«Birmania y Rangún, mejor que Myanmar y Yangón».

Respecto a la neología y la terminología, una de las cuestiones acuciantes a la que tienen que atender los medios especializados, tanto en castellano, como en catalán, como en otros idiomas, son de ayuda el Termcat, el Observatori de Neologia de la Universitat Pompeu Fabra, Obneo, los Recursos de Traducción yRedacción de la Dirección General de Traducción de la ComisiónEuropea y los servicios de Lengua y Terminología de la Unión Europea.

2. Los criterios de especialización (en editoriales y medios especializados), que requieren dar respuesta a usos terminológicos específicos y recurrentes en los productos de una editorial.

Por ejemplo, una editorial especializada en catálogos de museos y obras sobre pintura, se vería en la necesidad de consignar en su libro de estilo cuestiones que no siempre se encuentran normativizadas en obras normativas generales; por ejemplo:

Los criterios de traducción, transcripción o transliteración, de escritura ortográfica y ortotipográfica y de alfabetización que se aplican a:

los cargos, títulos y tratamientos,

y todos los tipos de nombres propios de persona y de lugar citados en sus obras.

El criterio (traducción o transcripción) que se aplica a la mención o cita del título de una obra pictórica; p. ej., ¿dejamos Het Lam Gods, lo traducimos por La Adoración del Cordero Místico o damos primero la traducción canónica y, entre paréntesis, el título original? ¿Dejamos Installation for Bilbao o, como obra pensada como instalación permanente del Museo Guggenheim Bilbao, lo traducimos por Instalación para Bilbao/Bilborako instalazioa?

El criterio (traducción o transcripción) que se aplica al nombre propio citado de las entidades, los edificios y las partes comunes y no comunes de los edificios; p. ej., ¿dejamos The Fitzwilliam Museum o lo traducimos por Museo FitzWilliam?

La grafía (ortográfica y ortotipográfica) que se aplica al nombre propio citado de las entidades, los edificios y las partes comunes y no comunes de los edificios; p. ej.:

La Capilla de San Fernando, la iglesia de Santa Mónica, el palacio de Mariemont; la Galería de los Espejos, el salón de los pasos perdidos...

El criterio (traducción o transcripción) que se aplica al nombre propio citado de las ferias, exposiciones, galerías y otros acontecimientos artísticos; p. ej., ¿dejamos «Chicano Visions: American Painters on the Verge», lo traducimos por «Visiones chicanas: pintores Estadounidenses al Borde», o dejamos el título original de la exposición y ponemos su traducción entre paréntesis?

La grafía (ortográfica y ortotipográfica) de los títulos de pinturas concretas y de series pictóricas de un mismo autor; p. ej.:

La tentación, El juicio de París; Los Sentidos, Los Triunfos...

La grafía (ortográfica y ortotipográfica) de los géneros y temas pictóricos; p. ej.:

paisajes, cabezas, floreros, cacerías...

La grafía (ortográfica y ortotipográfica) de los soportes y formatos pictóricos; p. ej.:

retablo, lienzo, tabla, tríptico, (de) gabinete, (de) taller, (de) escuela, bodegón, paisaje, retrato, marina...

La grafía (ortográfica y ortotipográfica) de las personificaciones alegóricas y de las alegorías; p. ej.:

el Amor, la Tierra; pero «la alegoría de la tierra se representa en una joven...».

La grafía (ortográfica y ortotipográfica) de los tecnicismos que se expresan usualmente en una lengua extranjera (xenismos); p. ej.:

pendant, putti, vanitas...

La grafía (ortográfica y ortotipográfica) de las escuelas, movimientos y tendencias pictóricos.

(Etc.)

3. Los criterios estilísticos y deontológicos de:

1) Claridad del discurso (rasgo derivado del principio elocutivo de la retórica clásica denominado perspicuitas), que:

en prensa y revistas, supone una escritura tendente a la concisión;

en todo medio escrito, exige evitar toda grafía o construcción que pueda resultar ambigua o difícilmente inteligible para el público al que el medio se dirige.

Un ejemplo de aplicación de este criterio es el mantenimiento de la tilde diacrítica en algunos libros de estilo, en los casos en que la Ortografía académica del 2010 prescribe eliminarla arguyendo que la falta de tilde no causa ambigüedad, porque las posibles ambigüedades pueden resolverse casi siempre por el propio contexto comunicativo. Lo que no sabe la RAE es que, en las publicaciones, muy a menudo las palabras aparecen aisladas, sin contexto que ayude a deshacer la ambigüedad. Por ejemplo:

2) Expresividad, que implica el uso de lenguaje figurado y de recursos de captación de la atención del receptor.

3) Rigor, que exige la aplicación de criterios de escritura unificados y constantes. Por ejemplo, si en palabras que pueden escribirse juntas o separadas se decide escribirlas juntas, se hará con todas ellas y de manera sistemática. En los medios de comunicación se añade a este criterio el de veracidad, que exige ser fidedigno a hechos y declaraciones, razón por la cual, por ejemplo, puede mantenerse en una cita la literalidad y la manera idiosincrásica de expresarse del citado/entrevistado aunque contravenga la norma idiomática.

4) Identidad corporativa, que requiere el establecimiento de opciones de grafía propios, que confieran a la editorial un sello distintivo.

4. Los criterios de proximidad (propio de los medios con un mercado localizado), de adecuación y de sincronía, que conllevan:

la adecuación del lenguaje empleado al lector;

la adecuación del lenguaje empleado al momento, es decir, al uso idiomático contemporáneo;

la adecuación del lenguaje empleado a la obra (a su estilo predominante, género, temática y uso).

En cuanto a la adecuación al lector, tenemos un buen ejemplo en las discrepancias entre lo que dice por su parte el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) de la RAE en lo tocante a los extranjerismos (generalmente galicismos) acabados en vocal + t , y lo que establece al respecto el diario La Vanguardia en la versión actualizada de su Libro de redacción (versión electrónica no venal, solo para uso interno), pese a haberse comprometido a adaptar sus normas de redacción a lo establecido en el DPD.

El Diccionario panhispánico de dudas (DPD) adapta estas voces —aunque solo en ocasiones y de manera arbitraria—, eliminando la terminación consonántica y tildando la última vocal; p. ej., ballet > balé (pl. balés).

En cambio, la versión en línea del Libro de redacción del diario La Vanguardia dice lo siguiente:

extranjerismos.

[...]

Tres grados de aceptación de los extranjerismos: 

1. Se emplean en redonda y grafía original cuando están muy arraigados, no existe un equivalente aceptable en castellano o la hispanización no difiere fonéticamente del original: ballet, crack, cricket, jogging, striptease. [...]

Y en el diccionario de dudas del Libro de redacción de La Vanguardia se mantiene la forma original francesa, pero en redonda, de todo este paradigma de galicismos que la RAE adapta:

DPD de la RAE

LdR de La Vanguardia

ballet > balé (pl. balés).

ballet > balet (pl. balets)

bidet > bidé (pl. bidés)

bidet > bidets (pl. bidets)

carnet > carné (pl. carnés):

carnet > carnet (pl. carnets):

chalet > chalé (pl. chalés)

chalet > chalet (pl. chalets)

El motivo para resistirse a admitir estas adaptaciones no es otro que el principio de proximidad. La Vanguardia es un medio en castellano que —aunque tiene mayor difusión— se edita y publica en una zona catalanohablante; las terminaciones en -t son propias del catalán, y las voces mencionadas suelen ser pronunciadas, incluso hablando en castellano, con la t final por cualquiera que tenga el catalán como primera o segunda lengua. Por esta razón se hace comprensible el rechazo de La Vanguardia a la norma académica de elisión de la -t en estos casos, que se interpreta como una norma ortológica inadmisible.

En cuanto a la adecuación a la obra y al lector, un buen ejemplo es el tratamiento de los topónimos (nombres de lugar de cualquier tipo) y de nombres propios de edificaciones que se establecen en los libros de estilo de editoriales y revistas especializadas en guías de viaje. A diferencia de lo que establecen las normas académicas sobre toponimia —otro campo, por cierto, donde se entromete la RAE aún no siéndole propio—, que dictan que, siempre que haya exónimo castellano (traducción tradicional) de un nombre de lugar, se use el exónimo en lugar del topónimo original, en una guía de viaje debe primar el objetivo de ubicar y guiar al lector/viajero por el sitio que visita. Teniendo en cuenta que allí encontrará los rótulos e indicaciones en el idioma y escritura locales, en los libros de estilo de este tipo de obras se suele establecer el siguiente tratamiento de los topónimos y nombre propios mencionados:

primero, si hay exónimo tradicional, se menciona el exónimo del lugar en cuestión;

a continuación, entre paréntesis, se da el topónimo o nombre propio de lugar original; si es en una lengua con alfabeto latino, se transcribe sin dejarse ningún diacrítico; si es una lengua en otro alfabeto o sistema de escritura, se transcribe en dicho alfabeto y sistema de escritura y se añade seguidamente su romanización (transcripción al castellano o transliteración normalizada a la escritura latina), que le servirá al lector de cierta orientación sobre su pronunciación.

Por ejemplo:

«Al sur de la plaza de Tiananmén (天安門廣場, Tiān'ānmén Guǎngchǎng) se encuentra el Mausoleo de Mao Ze Dong (毛主席 纪念堂, Máo Zhǔxí Jiniantang), una edificación cubicular en donde reposa el cuerpo embalsamado del fundador de la República Popular China.»

5. El criterio de corrección política, que incorpora al tratamiento textual una actitud no discriminatoria.

La ausencia de seguimiento de este criterio puede acarrear graves problemas, como muestra el acatamiento ciego que el diario El País hizo de la siguiente recomendación del organismo paraacadémico FundéuRAE (ant. Fundéu-BBVA):

«indio»e «indígena»

20/12/2005

Se advierte de la utilización errónea de la palabra indígena como sinónimo de indio.

La Fundéu recuerda que indígena no es sinónimo de indio, por lo que recomienda que no se hable de indígena cuando se quiera hacer referencia al origen indio del recién elegido presidente de Bolivia, Evo Morales.

Indígena es la persona originaria de un país, por lo que este término es aplicable tanto a Evo Morales como a su rival, el conservador Jorge Quiroga, pese a que éste no es de origen indio. Sin embargo, los dos son originarios de Bolivia.

Posiblemente, por razones políticas o eufemísticas, se llama indígenas a los indios de los países hispanoamericanos, hasta el punto de que a la doctrina que propugna reivindicaciones políticas y sociales para los indios y mestizos en las repúblicas iberoamericanas se le da el nombre de indigenismo.

Pese a ello, se reitera que lo correcto, en este contexto, es hablar de indios y no de indígenas y de «comunidad india» y no de «comunidad indígena».

Debido al sentido peyorativo que muy mayoritariamente tiene el término indio en América Latina, el defensor del lector de El País tuvo que salir al paso de la avalancha de quejas de los lectores, que se pueden leer aquí.

6. El criterio de inclusión social, propio de las obras adaptadas a personas con desventaja, como las correspondientes al sello Lectura Fácil.

Cabe añadir a todo ello que todas las discrepancias que puedan darse entre norma académica y norma editorial no solo están justificadas por estos criterios, sino que pueden darse libremente por simple voluntad del editor, por el simple hecho de que las normas académicas no son de obligatorio cumplimiento per se.

 


[Fuentes: 

Silvia Senz, Jordi Minguell y Montserrat Alberte: «Las academias de la lengua española, organismos de planificación lingüística», en: Silvia Senz y Montserrat Alberte: El dardo en la Academia. Barcelona: Melusina, 2011, vol. 1, 371-550.

Silvia Senz, curso «Edición de textos y corrección de estilo», en Aula SIC.]



 


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