viernes, 24 de octubre de 2014

Autoridad, norma y corrección, 3: qué es un estándar y qué diferencia lo normativamente correcto de lo incorrecto


[Viene de: Autoridad, norma y corrección, 2: castellano/español natural frente a castellano/español cultivado. Actualizado el 1 de julio del 2023.]

Un estándar lingüístico no es una lengua X, sino el resultado de un proceso deliberado y planificado de estandarización aplicado a dicha lengua, que implica:

1. La selección de una o más variantes (sociales, geográficas o funcionales [registros y estilo] e históricas) como base del estándar. Las formas lingüísticas que servirán de base del estándar pueden corresponder a:

todos los niveles socioculturales de la lengua actual;

solo el nivel de lengua de los hablantes instruidos;

solo el registro escrito (en el caso de estándares escritos);

solo el registro oral (en el caso de estándares orales);

solo el registro técnico o científico (en el caso de estándares terminológicos);

una combinación de registros (p. ej.: oral, escrito y formal) y de niveles de lengua;

formas históricas, con tradición escrita;

todas las variantes geográficas;

solo una o algunas variantes geográficas.

formas de lenguas extranjeras (lenguas clásicas, lenguas de interferencia o lenguas genéticamente cercanas).

De izquierda a derecha y de arriba abajo: variantes geográficas del español en España, Venezuela, México y Argentina. Solo en cuanto a variantes geográficas, el castellano es una lengua muy rica, dinámica y variada. El estándar idiomático excluye muchas de ellas y recoge solo las formas comunes a las clases sociales cultivadas y a los registros escritos, en todo el ámbito idiomático o en parte de él.


Cuanto más ampliamos la vista sobre un punto del territorio, más variedad geográfica hallamos. Véase en la ilustración izquierda la diversidad de lenguas y hablas solo de la región española de Extremadura. Al mismo tiempo, los mapas dialectológicos varían con cada distribución de un determinado rasgo del idioma, como en el caso del voseo, que se ilustra a la derecha.

2. La criba y la recombinación de ciertos rasgos de las variantes seleccionadas, según una serie de juicios de valor (suplementados con cierta dosis de arbitrariedad) que detallaremos en el próximo apartado.

3. La normativización o formulación de normas de tipo prescriptivo (que recomiendan u obligan a adoptar ciertos usos, marcados como correctos) y proscriptivo (que prohíben otros, marcados como incorrectos).

4. La creación de un sistema de grafía.

5. La codificación, o formalización del modelo de lengua obtenido en diversos códigos normativos, que, para el lenguaje general, básicamente han de ser tres: diccionario general, gramática y ortografía.

Los ámbitos de aplicación de un estándar lingüístico son:

Usos públicos de una lengua: Administración, enseñanza y medios de comunicación públicos.

Usos privados de una lengua: medios de comunicación privados, comunicación empresarial, productos comercializables (libros, revistas, producciones audiovisuales...).

Usos sociales: enseñanza a extranjeros, enseñanza a inmigrantes, enseñanza a adultos.

Usos especializados: comunicación técnica y científica.

Usos locales: Administración, enseñanza y medios de comunicación locales.

Usos regionales: organismos políticos regionales.

Usos internacionales: comunicación y comercio internacional, organismos políticos internacionales.

Un proceso de estandarización sirve a múltiples objetivos de política y planificación lingüística:

reformismo lingüístico;

purificación de la lengua;

uniformismo lingüístico;

expansionismo y asimilacionismo lingüístico;

competencia interlingüe;

comunicación inter e intralingüe;

segregación lingüística;

modernización lingüística;

armonización de estándares;

simplificación estilística;

estandarización de códigos auxiliares;

conservación y revitalización de lenguas;

corrección política.

A lo largo de su historia, los diversos estándares o códigos normativos del castellano/español y sus diversas modificaciones han servido y sirven a múltiples de las funciones que acabamos de enumerar. Véanse algunos ejemplos de ello en estas ilustraciones de sus diversas ortografías, históricas y actuales:

Publicaciones (obras originales y traducciones) en otras ortografías del castellano; de izquierda a derecha y de arriba abajo: la ortografía preacadémica de Gonzalo Correas (reformista), la llamada ortografía de Bello u ortografía chilena (reformista y segregacionista), que fue oficial en diversos países de Latinoamérica hasta bien entrada la década de 1920, y la ortografía (no oficial) del andaluz (modernizadora y segregacionista), usada para la traducción de Er Prinzipito. La ortografía de la RAE es uniformista, dado que su función siempre ha sido unificar y homogeneizar las grafías del castellano en todo su ámbito de uso.


La elaboración de un estándar lingüístico puede quedar a cargo de diversos agentes:

academias de la lengua u otro tipo de organismo estandarizador;

medios editoriales o periodísticos (productores de diccionarios, gramáticas, ortografías y libros de estilo que se adoptarán como modelo de lengua estándar),

y gramáticos normativos, lexicógrafos y ortógrafos.

Las normas en que un estándar se explicita tienen las siguientes características:

1. Son simplificaciones (en diverso grado según el modelo de estandarización que se aplique) de la variedad lingüística presente entre la población afectada.

2. Son excluyentes: instituyen los usos integrados en la norma como patrón de actuación lingüística y rechazan implícita o explícitamente el resto, con énfasis prescriptivos que pueden presentar una gradación que va desde la proscripción hasta la no recomendación de un uso o la recomendación de otro.

3. Tienen un carácter estable hasta que se hace necesario revisarlas, por ejemplo para:

ajustarlas a la evolución de la lengua natural (actualizaciones que suelen hacerse periódicamente);

ampliar el estándar y habilitarlo para nuevas funciones lingüísticas de las anteriormente citadas;

corregir errores e inconsistencias de las propias normas (incorrecciones lingüísticas, problemas de sistematicidad, de congruencia, arbitrariedades normativas...).

4. Tienen un carácter artificial y virtual; esto es, la norma por sí misma no se hace efectiva si no llega a aplicarse.

5. A diferencia de las normas jurídicas, como ya hemos dicho, las normas lingüísticas no implican obligatoriedad de aplicación. Sin ser obligatorias, optar por seguirlas simplemente puede ser conveniente en ciertos ámbitos de intercambio (científico, industrial, político-diplomático y mercantil), donde resulta útil utilizar códigos lingüísticos y gráficos compartidos por una comunidad cultural y lingüísticamente heterogénea de hablantes.

Recordemos que, aunque se aprenda a lo largo de la formación escolar y académica, un estándar lingüístico no se realiza nunca. De hecho, no existe más que en la teoría; en la práctica, la incompleción y el carácter restringido de todo estándar lo inhabilitan para sustituir a las variedades naturales de una lengua, que además de dinámicas,cambiantes y sujetas a influencias de otras lenguas con las que entran en contacto, son expresivamente muchísimo más ricas y variadas. Por fuerza, pues, cuando se adoptan las formas estandarizadas, estas se mezclan con la lengua viva, es decir, con sus variedades sociales y geográficas en uso.

Para garantizar la difusión y aplicación del estándar en los contextos, funciones y tipos de expresión verbal para los que se ha creado, es útil:

la oficialización de la norma;

la promulgación de reglamentos que obliguen a su aplicación (p. ej., a su enseñanza escolar);

la penalización jurídica de las contravenciones a la norma.

Siendo que existe una tendencia social al rechazo de las formas explícitamente coercitivas de implantación de un estándar lingüístico, a menudo su aceptación social requiere la movilización de mecanismos psicosociales que incidan en el conjunto de creencias, aspiraciones y juicios de valor que motivan el comportamiento lingüístico de los grupos de hablantes.

En el caso del estándar académico (de la Real Academia Española, RAE), en su aceptación ha tenido mucho mayor peso el apoyo oficial a la institución y a su norma, que la valoración social. La norma académica se ha mostrado durante siglos muy fluctuante en cuanto a su calidad y su ajuste a las necesidades del usuario. Estas deficiencias han sido subsanadas muy a menudo por especialistas particulares y por los medios escritos (de comunicación y editoriales), que compiten en autoridad con la RAE.

Como se ha dicho, la selección de las variedades (diatópicas, diastráticas, diafásicas y diacrónicas, es decir, geográficas, sociales, funcionales e históricas) y formas (léxicas, gráficas y gramaticales) que servirán de base para componer el estándar se realiza a partir de la aplicación de una serie de criterios de selección de carácter estrictamente funcional en algunos casos, pero en su mayor parte de tipo axiológico en tanto que suponen la asociación de ciertos valores a las variantes y formas seleccionadas. Conocer las razones que fundamentan las normas lingüísticas es el único modo de poder entenderlas y de valorar la idoneidad de su aplicación, e incluso de mejorarlas. En la práctica editorial y de los servicios lingüísticos, si no se conocen estos principios, un corrector o un editor de textos son simplemente loros que van memorizando y aplicando normas sin sentido, sin reflexionar —⁠como es su obligación profesional⁠— sobre su calidad ni su adecuación a las necesidades de un texto, una materia, un autor, un lector, una disposición en la página o una publicación.

Veamos, a continuación cuáles son los criterios de selección que rigen la elaboración de un estándar y que establecen la diferenciación entre usos correctos e incorrectos, con especial referencia a la norma académica del castellano:

1. Criterio diastrático (valor sociocultural). Se avalan las variantes socialmente «prestigiosas», usadas por la gente instruida y por las clases dominantes, a cuyas producciones verbales se otorga un elevado valor. En el origen de este criterio estaría el principio de consensus eruditorum (uso lingüístico de los doctos) de Quintiliano, como modelo de puritas (pureza o corrección en el empleo del lenguaje), opuesto al consensus popularis (uso lingüístico del pueblo) de Cicerón. Este criterio, tradicional en la norma académica, permanece en el Diccionario panhispánico de dudas (DPD2005, obra en proceso de actualización para una segunda edición) y se aplica especialmente en la Nueva gramática de la lengua española (NGLE2009), aunque con contradicciones entre ambas obras, que no están armonizadas.

Por una parte, el DPD2005 (s. v. deber) dice:

a) deber + infinitivo. Denota obligación: «Debo cumplir con mi misión» (Mendoza Satanás [Col. 2002]). Con este sentido, la norma culta rechaza hoy el uso de la preposición de ante el infinitivo: «Debería de haber más sitios donde aparcar sin tener que pagar por ello» (Mundo [Esp.] 3.4.94).

b) deber de + infinitivo. Denota probabilidad o suposición: «No se oye nada de ruido en la casa. Los viejos deben de haber salido» (Mañas Kronen [Esp. 1994]). No obstante, con este sentido, la lengua culta admite también el uso sin preposición: «Marianita, su hija, debe tener unos veinte años» (VLlosa Fiesta [Perú 2000]).

En cambio, la NGLE (obra normativa más reciente, que prevalece sobre el DPD por el momento) no califica de incorrecto ni deber + infinitivo con sentido de probabilidad, ni deber de + infinitivo con sentido de obligación, aunque recomienda deber + infinitivo con sentido de obligación. Dice en los párrafos 28.6i-j: «[...] Debes beber mucha agua expresa, en principio, un consejo o una obligación, mientras que Debes de beber mucha agua transmite una conjetura del hablante, es decir, la manifestación de una probabilidad inferida. No obstante, el uso de deber + infinitivo para expresar conjetura está sumamente extendido incluso entre escritores de prestigio» y cita a García Márquez y a Cortázar, entre otros autores. Luego añade: «Este uso se registra también en textos antiguos. Como perífrasis de obligación [...] deber de + infinitivo también se documenta en textos, clásicos y contemporáneos, con este valor».

La tendencia en la normativa académica es, pues, a seguir los criterios diastrático y de historicidad (que veremos a continuación). Es decir, si el uso deber de + infinitivo con sentido de obligación, que se calificaba de incorrecto antes de la NGLE, lo realizan autores de prestigio y tiene antigüedad en documentos escritos (especialmente literarios, como se verá cuando tratemos el criterio diafásico), entonces se considera aceptable.

2. Criterio de historicidad (valor genealógico y tradicional). Según este criterio, se opta por las formas avaladas por la antigüedad o la tradición: las que se ajustan más al étimo y las que tienen una mayor «solera» escrita o literaria, como ya hemos visto en los ejemplos sobre el criterio diastrático.

Este criterio es el que mantiene en la Ortografía académica (a diferencia de ortografías reformistas, como la de Bello), la hache etimológica no diacrítica y la condena (suave en la NGLE) del laísmo, el loísmo y el leísmo y otros desvíos del paradigma etimológico de los pronombres personales átonos; condena apoyada también en los criterios diastrático y diatópico.

Asimismo, es ateniéndose al criterio de historicidad que la NGLE recomienda seguir usando el pronombre de relativo cuyo en registros escritos y orales formales, pese a reconocer previamente que prácticamente ha desaparecido de la lengua oral en todo el mundo hispánico y tiene cada vez menos uso en el registro escrito (especialmente en el periodístico), donde se ha sustituido por el quesuismo (que su). Así, da preferencia en estos usos a construcciones como Mi cuñada, cuyo marido murió hace un mes, está pasando un mal momento, en lugar del uso al que se tiende: Mi cuñada, que se le murió su marido hace un mes, está pasando un mal momento.

3. Criterio diafásico (valor estilístico). Se seleccionan los usos consagrados por la lengua escrita, particularmente por el registro literario.

En el modelo académico del español, desde el Diccionario de Autoridades, primera obra de la RAE, la lengua literaria ha sido una referencia permanente, a la que se ha añadido, desde el Diccionario panhispánico de dudas (2005), el lenguaje de la prensa.


4. Criterio canónico (valor cualitativo o estético). Se seleccionan los usos consagrados por cierto grupo de escritores o en cierta etapa literaria considerada particularmente sublime por los codificadores.

Tradicionalmente, la norma del español tomó como modelo a los autores de los Siglos de Oro, con la excepción particular de los escritores del barroco. Este criterio guarda relación con la idea de la corruptio linguae, según la cual se entiende la vida de una lengua como un proceso de nacimiento, desarrollo, declive y muerte, que puede detenerse antes de la fase degenerativa mediante la fijación y perfeccionamiento del idioma en el punto de desarrollo que se considere de mayor brillantez, finalidad que guió a la rae durante siglos y que consagró en su lema tradicional «Limpia, fija y da esplendor».

Antes de la reciente renovación del modelo de estandarización académica y del proceso de realización (la mencionada política lingüística panhispánica, iniciada tímidamente en la Ortografía de 1999 y más sistematizada desde el Diccionario panhispánico de dudas en el año 2005), se rechazaban los usos de los autores literarios latinoamericanos.

5. Criterio diatópico (valor geográfico). Según el cual se seleccionan las formas de uno o más centros geográficos.

Tradicionalmente, hasta el Diccionario panhispánico de dudas (DPD2005) el estándar del español se ha basado en los usos de las élites cultivadas del centro-norte de Castilla, e incluso de los propios académicos de la lengua como representantes de estas élites. Desde el DPD, este criterio se ha ampliado especialmente al acoger los usos literarios latinoamericanos, pero sigue siendo restrictivo respecto a los usos comunes de la lengua. Sigue siendo bastante excepcional que la norma académica actual avale formas diversas (léxicas y gramaticales, especialmente) de distintos centros geográficos para un mismo uso. Un caso excepcional, en este sentido, de aplicación del criterio diatópico es el de la adaptación gráfica en el DPD del anglicismo jersey (s. v. jersey):

jersey. ‘Prenda de punto y con mangas que cubre desde el cuello a la cintura’ y, en algunos países americanos, ‘tejido de punto’. La voz inglesa jersey se ha adaptado al español en distintas formas. En España se emplea jersey (pl. jerséis,plural, 1d), que también tiene cierto uso en algunos países americanos: [...]. No es correcto el singular jerséi, ni los plurales jerseys o jerseises. Junto a jersey, existen las adaptaciones yérsey (pl. yerseis), usada sobre todo en América, y yersi (pl. yersis), propia de algunas zonas de Andalucía occidental: «Se puso su yérsey marinero» (Skármeta Cartero [Chile 1986]); «El yersi granate que a tía Blanca se le había quedado chico» (Mendicutti Palomo [Esp. 1991]). Se recomienda adaptar siempre la grafía a la pronunciación, de manera que quien pronuncie [jerséi] escriba jersey, quien pronuncie [yérsei] escriba yérsey y quien pronuncie [yérsi] escriba yersi.


6. Criterio demográfico (valor cuantitativo). Se avalan las formas que emplea la mayoría de la comunidad lingüística cuya lengua es objeto de estandarización.

Criterio democrático por excelencia, tiene poca aplicación en la norma del castellano, dado que, en lo relativo a grupos poblacionales,se priorizan el criterio diastrático, que favorece a una minoría social (la clase cultivada), y el criterio de historicidad, que favorece las formas del habla más antiguas. Por esta razón, un fenómeno mayoritario y expansivo en español como es el de la aspiración de la ese en diversas posiciones (p. ej., los_jamones → [lohhamóneh; lohamóneh]) no está reflejado en el estándar académico. No obstante, hay cambios en la norma ortográfica que sí se deben puramente a cuestiones de demografía. A esta razón se debe, por ejemplo, la supresión de la tilde en palabras que en España y otros países se pronuncian como bisílabas, y en buena parte de América, mayoritariamente como monosílabas (guión/guion, fié/fie, rió/rio, etc.), que fue una de las principales novedades de la Ortografía de la lengua española (OLE2010). En la Ortografía de la RAE precedente (1999, p. 46), si un hablante pronunciaba la palabra guion como monosílaba («guion»), podía no acentuarla, pero si la pronunciaba como bisílaba («gui-on»), entonces podía tildarla (guión). ¿Por qué la Ortografía académico mudó un criterio que satisfacía a todo el mundo? Por el peso de la pronunciación de los mexicanos. Con la reforma del modelo de estandarización del español (la llamada política lingüística panhispánica), la norma se desarrolla especialmente en la Real Academia Española, pero se debate en comisiones interacadémicas y la aprueba el Comité Permanente formado por los directores de las 23 academias del español asociadas en el congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale).

Los debates interacadémicos son un tira y afloja entre los diversos usos de cada país. De hecho, en la supresión de la tilde y la consideración de estas palabras como monosílabas a efectos ortográficos (independientemente de cómo se realicen en el habla), aunque se arguyó que los motivos eran la simplificación y homogeneización de las reglas ortográficas, pesaron muchísimo —aun no siendo mayoría— los 100 millones de hablantes mexicanos que puso particularmente sobre la mesa la Academia Mexicana de la Lengua (AML), como comentó el entonces director de la AML, José G. Moreno de Alba, en algunos de sus artículos de su columna Minucias del lenguaje en el diario Este País. Concretamente, en «¿Guión o guion? Nueva normativa» expresaba incluso su consciencia de lo contradictorio de la nueva norma con respecto a uno de los criterios rectores del estándar del español, que es recoger los usos del hablante culto: «No se me escapa, claro está, su carácter en alguna medida “revolucionario”, sobre todo por cuanto contradice el hábito de los hablantes cultos de acentuar siempre estos monosílabos (lié, guión, truhán, huí, liáis...)».

De igual modo, la nueva preferencia —con consecuencias legales— que la RAE ha establecido en su última Ortografía para el signo que se emplea como separador decimal, se debe a la prevalencia de este criterio demográfico. Como hemos visto en el apartado 2.1, la norma del BIMP sobre el sistema internacional de unidades (recogida en la norma internacional ISO 80 000) establece que el separador decimal puede ser tanto el punto como la coma; en la legislación española (real decreto 2032/2009, de 30 de diciembre), teniendo el Gobierno prerrogativa legal para establecer en España todo lo relativo al SI, se optó por fijar para este país uno de los dos signos posibles en la norma internacional: el uso tradicional de la coma como separador decimal. Pero entonces se publicó la Ortografía de la lengua española de la RAE del 2010, que cambiaba la preferencia previa por la coma (Ortografía de la lengua española de 1999, p. 52, y DPD2005, s. v. coma) y daba como preferente el punto.

¿Por qué cambió esta preferencia? De nuevo por razones demográficas, como se ve en el texto de la OLE2010 (p. 666):

En el ámbito hispánico, el uso de cada uno de estos signos (coma decimal y punto decimal) se distribuye geográficamente casi a partes iguales: la coma se emplea en la Argentina, Chile, Colombia, el Ecuador, España, el Paraguay, el Perú y el Uruguay; mientras que se usa el punto en México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, la República Dominicana y Venezuela, así como entre los hispanohablantes estadounidenses; hay también países, como Bolivia, Costa Rica, Cuba y El Salvador, donde se utilizan ambos. Con el fin de promover un proceso tendente a la unificación, se recomienda el uso del punto como signo separador de los decimales.

En España, este cambio de parecer despertó las dudas del Centro Español de Metrología (que realiza la traducción del SI), quien elevó la cuestión a la Abogacía del Estado, que a su vez emitió un dictamen debido al cual se acabó modificando la ley y estableciendo como separador decimal tanto el punto como la coma.

De todos modos, en el estándar académico, el criterio demográfico más bien se impone cuando afecta a la parte más convencional y artificial de la norma, que es la ortografía. El léxico, la morfología, la sintaxis y la pragmática no tienen tanta suerte.


7. Criterio de diasistematicidad (valor cohesivo). El español (como toda lengua con una mínima variación) es un diasistema, es decir, un conjunto de sistemas lingüísticos complejos, integrados y autónomos que presentan entre sí una buena cantidad de rasgos comunes (una afinidad derivada de procesos históricos) y también una apreciable cantidad de rasgos que los diferencian. Siguiendo un espíritu cohesivo, se da preferencia a las formas comunes a la mayor parte de los sistemas lingüísticos que componen una lengua (o a todos, si se da el caso), cuya débil marcación étnica favorece, por un lado, su aceptación general, y cuya marca de colectividad contribuye a asentar la conciencia de una identidad común entre los hablantes.

No obstante, cuando se trata de usos lingüísticos léxicos o gramaticales mayoritarios en América (donde radica el 90 % de la población hablante de español), es usual que la norma académica desvirtúe el valor cohesivo de esas formas. Véase, por ejemplo, la valoración que, en el lema amarar (s. v. amarar) hace el DPD2005 sobre la extensión geográfica de una de las formas recomendadas:

amarar. Dicho de un hidroavión o de un vehículo espacial, ‘posarse en el agua’: «¿Y si un desperfecto nos obliga a amarar en pleno océano?» (Tibón Aventuras [Méx. 1986]). El español dispone de otros verbos con el mismo sentido e igualmente aceptables, como amarizar y acuatizar: «Secuestraron un pequeño avión de turismo y amarizaron cerca de las costas de Florida» (Proceso [Méx.] 8.12.96); «La ensenada de Manzanillo, donde acuatizaban los hidroaviones» (GaMárquez Amor [Col. 1985]). Existe también amerizar, formado sobre amerizaje, adaptación gráfica del francés amerrisage: «Había seleccionado una nave [...] capaz de amerizar en el océano» (Vanguardia [Esp.] 21.7.94). Mientras acuatizar solo se usa en el español de América, los otros verbos se extienden por todo el ámbito hispánico.

En este redactado, la subversión del peso demográfico de América en los usos idiomáticos es evidente. Eliminando los usos del español en América, «todo el ámbito hispánico» es en realidad solo España y, como mucho, Guinea Ecuatorial y Filipinas, donde el uso del castellano es más bien residual.

La última edición del diccionario académico (Diccionario de la lengua española, DLE, 2014; anteriormente, Diccionario de la Real Academia Española, DRAE) subsana en cierta medida este desequilibrio, al recoger amarar y acuatizar como formas sinónimas igualmente aceptables, aunque en los artículos amerizar y amarizar remite a amarar, como forma preferente a las anteriores. Pero, por lo general, y con la excepción de la gramática del 2009, la obra académica —al igual que los consejos de la Fundéu, que casi siempre la reproducen— es muy poco fiable cuando se refiere al español de cualquier otro lugar que no sea España. El DPD es particularmente un desastre en lo referente a los usos divergentes (incluidos los de los extranjerismos y xenismos) entre España y América Latina o entre los distintos países donde el castellano es lengua hegemónica.

Para hacerse una idea del alcance del falseamiento del DPD (a menudo perpetuado en el Diccionario de la lengua española académico) con respecto a la distribución y prevalencia de los usos léxicos, morfológicos y contextuales en el ámbito hispanohablante, es muy recomendable leer este breve (y enojado) estudio del hispanista californiano Andre Moscowitz:

A. Moscowitz: «Evaluación dialectológica del Diccionario panhispánico de dudas».

O este otro, más humorístico, del traductor Ricardo Bada, donde se explica cómo se eleva a uso habitual en Costa Rica y a norma lo que realmente es una errata de la editorial barcelonesa Tusquets:

R. Bada: «El panhispánico nuestro de cada día», Vasos Comunicantes, 37 (primavera 2007), pp. 106-108.


8. Criterio de autonomía (valor diferenciador). Se prefieren las formas que marcan distancia lingüística con respecto a una lengua dominante. Está en relación con los criterios de genuinidad y de especificidad:

1) Criterio de genuinidad (valor purificador). Cuando se quieren marcar distancias respecto a una lengua dominante cualquiera, se priorizan las formas patrimoniales (las que se ajustan a los patrones fónicos y morfosintácticos más estables del sistema o de los sistemas lingüísticos estandarizables) y endógenas (las que se originan en el propio sistema).

Este criterio es también una constante en la norma del español, especialmente a la hora de regular los extranjerismos y los neologismos, un aspecto que trae especialmente de cabeza a los traductores y a los periodistas. Por ejemplo (DPD2005, s. v. sándwich):

sándwich. Voz tomada del inglés sandwich —pronunciada corrientemente [sánduich o sánguich]— que designa el conjunto de dos o más rebanadas de pan, normalmente de molde, entre las que se ponen distintos alimentos. En español debe escribirse con tilde por ser palabra llana acabada en consonante distinta de -n o -s (→ tilde2, 1.1.2). Su plural es sándwiches (→ plural, 1i): [...]. Con este mismo sentido, existe la palabra española emparedado, puesta en circulación en el último tercio del siglo xix, cuyo uso es preferible al anglicismo: [...].

2) Criterio de especificidad (valor segregador). Cuando hay proximidad genética con la lengua respecto a la cual se quieren marcar distancias, se seleccionan las formas privativas de la variedad que se quiere estandarizar.

Este criterio se aplicaba en el proyecto de secesionismo normativo del peronismo, y también en diversas propuestas de reforma ortográfica del español, como la de Domingo Faustino Sarmiento.

Si resulta de interés, sobre el proyecto de Perón de desarrollar los códigos de un estándar argentino diferenciado del español, puede leerse un resumen en:

Silvia Senz: «Las crisis del panhispanismo, 1: Peronismo, lengua nacional argentina, independencia lingüística y academias», Addenda&Corrigenda,18/02/2009.


9. Criterio analógico (valor imitativo). Se prefieren las formas que presentan características análogas a las de las formas preferidas en la tradición normativa de otra u otras lenguas. Así como el criterio de autonomía amplía las distancias con respecto a otras lenguas o variantes, el criterio analógico las aproxima.

El modelo normativo académico no sigue particularmente este criterio. Por ejemplo, en el lema karst, el DPD2005 (s. v. karst) no da preferencia a la grafía habitual en otras lenguas románicas:

karst. ‘Paisaje de relieve accidentado, originado por la erosión química de terrenos calcáreos’. [...] Este sustantivo masculino procede del topónimo Karst, nombre alemán de una región de Eslovenia constituida por mesetas calizas; de ahí que sea mayoritaria, y preferible, la grafía etimológica con k-, frente a carst, variante gráfica también documentada. Para el adjetivo derivado pueden usarse las formas kárstico y cárstico, siendo preferible la primera.

«Karst» es, en efecto, un topónimo en lengua alemana. Ahora bien, la región designada con esta palabra forma parte de tres Estados distintos: Italia, Eslovenia y Croacia. Pero mientras los eslovenos y los croatas la llaman y escriben «Kras», los italianos la llaman y escriben «Carso» (y, naturalmente, dicen un carso y carsico); y los friulanos que viven en el Carso la llaman «Cjars». A pesar de que el castellano, el friulano y el italiano son todas ellas lenguas de la misma familia (románica), el DPD2005 se inclina por una grafía impropia de las lenguas románicas.

10. Criterio de regularidad (valor de homogeneidad y sistematicidad). Se da preferencia a las formas gramaticalmente más regulares y a los paradigmas más homogéneos, lo que supone evitar el alomorfismo.

No es un criterio constante en la norma académica del español, que demasiado a menudo tiende a la asistematicidad de forma gratuita, particularmente en los diccionarios y en su Ortografía. En la crítica del ortógrafo y ortotipógrafo José Martínez deSousa (de cuya obra la RAE ha tomado abundante contenido) a la Ortografía vigente (2010), se mencionan diversos casos; por ejemplo:

4.5. Sigue la Academia registrando infinidad de palabras de doble y hasta triple acentuación (es decir, palabras con alternancias acentuales), aunque opine que «es un fenómeno de carácter excepcional» (p. 208). En realidad, el hecho de que sigan apareciendo nuevas voces con dos y tres acentos, aunque de vez en cuando se suprima alguna, es suficiente para desanimar a los profesionales de la escritura, que lo que buscan es simplificar y no complicar. En la última edición del DRAE (2001) se cuentan 246 voces que admiten diversas acentuaciones (salvo error u omisión), y la tendencia es seguir aumentando ese número. [...] El gran trabajo, eliminar las no justificadas, está aún por hacer. Por lo demás, es necesario tener clara la idea de que muchas de estas palabras no son biacentuales o alternancias; es decir, que no en todos los casos son sustituibles unas por otras. Por ejemplo, la palabra futbol no se puede intercambiar con fútbol en cualquier contexto, ya que la primera se usa solo en México y el área centroamericana y la segunda solo en España y los restantes países de Latinoamérica. Por consiguiente, ambas voces (como tantas otras en el mismo caso) deben entrar en los diccionarios de forma separada y marcada con la abreviatura [geográfica] correspondiente. [...] La tendencia general en estos casos, por parte de la Academia, debe ser la simplificación del microsistema, eliminando de los diccionarios todas las palabras bi o triacentuales de las que sea aconsejable prescindir. Por ejemplo, [...] nada justifica que la palabra bustrófedon figure también en los textos académicos con las formas bustrofedon y bustrofedón.


11. Criterio de regularidad diacrónica (valor de estabilidad).Siguiendo este criterio, relacionado con el de historicidad, se seleccionan para formar parte del estándar las formas con un desarrollo más antiguo y, por tanto, más estable y conservador. En este sentido, y teniendo en cuenta que uno de los pilares de la ortografía es la fonética (es decir, la representación gráfica de la pronunciación de una lengua), la ortografía académica toma como base la pronunciación del castellano septentrional (centronorteño) peninsular, que es la variedad geográfica más antigua y conservadora. Así, por ejemplo, la ortografía académica refleja un sistema fonético-fonológico de cinco vocales, cuando las variedades meridionales tienen sistemas de entre ocho y diez vocales (incluso quince si se cuentan las nasales), con la particularidad de que las oes y es abiertas y cerradas tienen valor distintivo semántico y morfológico en el andaluz oriental y en el murciano, es decir, son elementos fonológicos innovadores con respecto al sistema de cinco vocales del estándar. De hecho, la ortografía propuesta para el andaluz (ortografía EPA) refleja la variante lingüística peninsular más evolucionada (es decir, más alejada del latín). Histórica y genealógicamente hablando, las hablas andaluzas son más nuevas (evolucionan desde el siglo xiii en lo que será territorial y culturalmente Andalucía, a partir del castellano llevado allí por los colonizadores y repobladores durante la Reconquista) y, en los aspectos fonético y fonológico, también son más innovadoras —⁠y también lo son las variantes americanas que han recibido influjo del andaluz.

En cambio, el andaluz es mucho más estable que el castellano centronorteño en otros aspectos. Así, por ejemplo, presenta una gran conservación en el uso etimológico de los pronombres átonos le, la y lo o, lo que es lo mismo, ausencia de leísmo, laísmo y loísmo en la mayor parte de su territorio de uso. En este aspecto morfosintáctico está más representado en el estándar académico que el castellano septentrional.

 

Sobre el carácter innovador del andaluz y su influencia en América, pueden leerse esta entrevista divulgativa a Pedro Carbonero y este artículo especializado de Juan Carlos Moreno:

Fede Durán: «“El andaluz es la avanzadilla del español del futuro”», Diario de Sevilla, 26/06/2014; <https://www.diariodesevilla.es/entrevistas/andaluz-avanzadilla-espanol-futuro_0_820417965.html>.

Juan Carlos Moreno Cabrera: «El dominio académico», en El imperio de la lengua común. Ideología, política y economía del españolismo lingüístico, Madrid: Síntesis, 2015, cap. 7; disponible una versión ampliada del artículo impreso en «El caso del andaluz en la fonología de la Nueva Gramática de la RAE y la Asale».

 

12. Criterio funcional. Se prefieren las formas que aportan alguno de los siguientes valores funcionales:

1) Difusión. Se prefieren las formas más difundidas porque son las más disponibles, las que tienen mayor amplitud de aplicación y las que están más acordes con las tendencias generales de la lengua.

En la norma académica, es habitual que este criterio se falsee, pues se recomiendan, por razones de uso mayoritario (difusión), formas que en realidad son privativas de unos pocos territorios. Por ejemplo, el españolismo a por, que estuvo proscrito por las gramáticas académicas al menos desde 1880 por «combinar dos partículas incongruentes», ha quedado aceptado, sin vacilación, tanto por el DPD2005 como por la NGLE. Por contra, adaptaciones de sandwich de uso general en muy diversos países de América están proscritas de la norma académica por razones que no se corresponden con la realidad de su empleo (realidad que la Wikipediamuestra tal como es en cada país):

sándwich. Voz tomada del inglés sandwich —pronunciada corrientemente [sánduich o sánguich]— que designa el conjunto de dos o más rebanadas de pan, normalmente de molde, entre las que se ponen distintos alimentos. En español debe escribirse con tilde por ser palabra llana acabada en consonante distinta de -n o -s (→ tilde2, 1.1.2). Su plural es sándwiches (→ plural, 1i): [...]. Esta es la forma mayoritariamente usada por los hablantes cultos en todo el ámbito hispánico, aunque en algunos países americanos, especialmente en Colombia, Venezuela, Chile y el Perú, circulan adaptaciones como sánduche o sánguche, más propias de registros coloquiales y desaconsejadas en favor de la unidad. [...].

No se entiende por qué en este caso solo se admite una adaptación, en favor de la unidad, mientras que se desechan las formas habituales en el nivel coloquial de diversos países, cuando, por contra, en la voz short se admite chor (pl. chores) como adaptación de short, porque, según el DPD2005, «comienza a circular» en ciertas áreas de América. Esta afirmación se basa solo en los seis casos de chores que aparecen en el CREA (chor ni siquiera se documenta), cinco de los cuales corresponden a registros orales. El criterio de difusión, pues, se aplica de forma arbitraria y en absoluto sistemática.

2) Diacrisis. Se seleccionan las formas que permiten establecer distintividad morfológica y semántica y evitar con ello la homonimia, la ambigüedad y la homografía.

En la norma académica del español, también es este es el criterio que mantiene en la ortografía la distinción [s]/[θ] de [kása], casa, frente a [káθa], caza, aun siendo evidentemente minoritaria dentro del conjunto de hablas hispánicas debido a la generalización del seseo en las hablas americanas y aun en algunas españolas (canarias y meridionales).

3) Inteligibilidad. Se avalan las formas que, por su difusión, por su regularidad, por su distintividad, por su tradición, por su carácter diasistemático o por cualquier otro valor se consideran más fácilmente comprensibles. Este criterio se aplica a la hora de sancionar como correctas las formas que evolucionan a partir de cultismos, que son mucho más cercanas al hablante que el propio cultismo. A modo de ejemplo, véase al respecto lo que se dice en el DPD2005 sobre las voces armonio y auditorio:

armonio. ‘Órgano pequeño que funciona con fuelle’. Es adaptación al español de la voz francesa de grafía latinizante harmonium. Su plural es armonios (→ plural, 1a): [...]. Debe preferirse la variante hispanizada armonio a la forma latinizante armónium. Se desaconsejan, por desusadas, las grafías con la h- etimológica harmonio y harmónium.

auditorio. Además de ‘conjunto de oyentes’, significa ‘sala de conciertos, conferencias y otros actos públicos’: [...]. Su plural es auditorios (→ plural, 1a). Debe preferirse esta forma hispanizada a la variante etimológica latina auditórium.

4) Simplicidad. Se prefieren aquellas formas que, con un mismo grado de inteligibilidad, presentan menos problemas para el aprendizaje. Este es uno de los criterios que prevaleció en la reforma ortográfica de Bello, que, frente a la de la RAE, se mantuvo como oficial en diversos países de América hasta 1927.

5) Representatividad. Se seleccionan las formas gráficas con capacidad de acoger cualquiera de las pronunciaciones vigentes en la comunidad de hablantes a la que se dirige el estándar.

Esta es otra razón, por ejemplo, por la que en el sistema ortográfico del español se mantienen las grafías c ante e, i y z ante a, o, u, correspondientes al fonema fricativo interdental sordo /θ/, aun siendo su realización minoritaria en el ámbito de habla del español. O de que se admitan voces biacentuales porque cada una de ellas se realiza normalmente en una determinada zona hispanoahablante.

Como vemos, pues, es habitual que los diversos criterios aplicados en la selección y codificación gráfica de las formas lingüísticas en uso, para confeccionar el estándar del castellano, a menudo colisionen entre sí, en función del punto de vista que prevalezca en los diversos equipos que elaboran la norma (ortografía, diccionarios y gramática normativos). El resultado de esta colisión es una norma más poliforme de lo que un estándar unitario (unitario porque es el único para un ámbito idiomático tan extenso y diverso como el hispanohablante) pretende y muchísimo más arbitrariamente asistemático de lo que cabría desear.


[Sigue en: «Autoridad, norma y corrección, 4: ¿a qué modelo de estándar pertenece la norma académica?».]

Bibliografía

lunes, 20 de octubre de 2014

Por qué la Academia Mexicana de la Lengua buscará independizarse de la RAE

No hay que leer la noticia que se reproduce abajo tanto en clave nacionalista como en clave económica. Además de dirigir la Academia Mexicana de la Lengua, Jaime Labastida lleva 24 años al frente de la potente editora iberoamericana Siglo XXI, de matriz mexicana, y esta nueva declaración de intenciones de la AML constituye, por ello, no tanto un reto para la RAE como para sus dos editoras, Planeta y Santillana. En realidad, México ya tiene su diccionario integral, el Diccionario del español de México de El Colegio de México, dirigido por Luis Fernando Lara, que como diccionario de referencia de la realización íntegra del español en México permite derivar un uso normativo. Pero lo que la AML busca es ejercer su soberanía como academia de la lengua, mejorar su ascendiente dentro del país y disfrutar a su vez con ello de sus propias cuotas de mercado.
Era cuestión de tiempo que la política cultural y lingüística panhispánica pusiera en evidencia la ingobernabilidad de la magna diversidad del castellano y, sobre todo, destapara las codicias por el reparto del «petróleo del idioma».

Academia Mexicana de la Lengua buscará independizarse de la RAE

Escrito Sobre may 21, 2014 en Cultura |
Academia Mexicana de la Lengua buscará independizarse de la RAE
FOTO CORTESÍA DE LA UAA
  • DRAE es un documento que no es equitativo ante el español fuera de España.
  • Más de la mitad de los idiomas en el mundo podrían convertirse en lenguas muertas.


REDACCIÓN

La Academia Mexicana de la Lengua (AML) buscará independizarse de la tradición de la Real Academia Española (RAE), por lo que el reto es generar un diccionario tan amplio, y mejor, que el diccionario de la institución europea (DRAE), pues son necesarios recursos verdaderamente equitativos y que reconozcan las hablas locales; comentó el director adjunto de la AML, Felipe Garrido, durante rueda de prensa al término del sexto congreso regional celebrado en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

En compañía de la jefa de gabinete de la Comisión de Enlace de la AML, y el académico correspondiente para Aguascalientes, Felipe San José González; Garrido informó que en 2010 se publicó la primera edición de un diccionario de mexicanismos, a cargo de la AML, con el que se busca arraigar la idea de que los modismos regionales (formas particulares del español) son totalmente legítimos, por lo que se prepara una segunda edición que hasta el momento ha duplicado el tamaño de su antecesor.

Al respecto, expresó que esta acción plantea las bases para un gran diccionario que registre la gran diversidad lingüística del país, y se avanza hacia la independencia de academias de lengua española, pues el DRAE sigue siendo el diccionario central para los hablantes del español, a pesar de que no es equitativo.

Sobre el tema, manifestó que los diccionarios son obras de orientación que no deben tomarse con histeria, pues aunque no existan algunas palabras en él, si se usan, deben respetarse. Esto lo ejemplificó con vocabularios derivados de lenguas extranjeras como el inglés o el francés, que en España son re-apropiados, como güisqui o jersey, mientras que en México siguen conservando varios de sus elementos, como sandwich o futbol, a diferencia del sándwich o fútbol para la comunidad española.

De esta forma indicó que no se pueden evitar los debates porque el DRAE está hecho allá, por lo que debe generarse un diccionario de tal magnitud por cada academia; pues aunque existe el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPN) que describe cómo se dice en distintos países una cosa, este documento se puede considerar como un intento por imponer a todos los pueblos de habla española los usos de España, más que defender las diferencias. Simplemente, dijo, en el DRAE se indican argentinismos, mexicanismos o colombianismos, pero no españolismos, por lo que no es un mamotreto equitativo.

Por otra parte, Felipe Garrido mencionó que de acuerdo a especialistas en todo el mundo, desaparecerán al menos la mitad de las 3 mil lenguas que actualmente se conservan, debido a la falta de uso y la globalización; pero el español seguirá en expansión por ser utilizado por cerca de 400 millones de personas en el mundo y la segunda lengua más estudiada; sin embargo, existen lenguas que podrían extinguirse, como el Kiliwa que sólo es empleado por 9 personas en Baja California, y otro sólo es conocido por un matrimonio de más de 80 años de edad, quienes están en recelo. BP

miércoles, 1 de octubre de 2014

Todo sobre las enmiendas del DRAE2014 contra el proceso catalán

En esta entrada, ofrecemos al lector una recopilación de las publicaciones en medios e instituciones catalanes, vascos y uruguayos sobre las enmiendas en la ya nueva edición del Diccionario de la lengua española (DRAE2014), deliberadamente realizadas por la RAE (al parecer, sin contar con el debido consenso interacadémico) para servir a los tribunales de justicia españoles contra el proceso soberanista catalán, una utilidad que probablemente ha motivado que, de manera inusitada en la historia de la institución, la RAE haya avanzado la publicación del DRAE sobre la fecha prevista. No olvidemos que el DRAE ha sido utilizado en múltiples ocasiones también por el Tribunal Constitucional español para dirimir el sentido propio de palabras clave (sean términos comunes o especializados) en el cuerpo legal o en una causa. En 1989, por poner un solo ejemplo, el DRAE sirvió al Tribunal Constitucional para dictar una resolución a favor del Gobierno central en una litigio competencial con la Generalitat de Cataluña, gracias a su uso para esclarecer el sentido literal de competencia participativa.
Así pues, una vez suspendidos cautelarmente por el Tribunal Constitucional español la ley catalana de consultas populares no refrendarias y el decreto de convocatoria de una consulta no vinculante de autodeterminación en Cataluña, prevista para el 9 de noviembre de este año, el DRAE es el instrumento auxiliar que faltaba para el bloqueo legal del proceso catalán que la maquinaria del Estado español ha puesto en marcha con también inusitada urgencia.
Las enmiendas aludidas  afectan a las siguientes baterías de términos:

1. Términos político-jurídicos: 

administración, autodeterminación, autodeterminista, autogobierno, ciudadano, consulta popular, democracia (y subentrada democracia directa), estado (y subentradas E. asociado, E. autonómico, E. de derecho, E. federal, e. de alarma, e. de excepción, e. de guerra, e. de sitio), mayoría silenciosa, plebiscito, referéndum, soberanía, soberanía nacional y somatén

 
2. Términos relacionados con los conceptos de nación, de patria, de patriotismo y con la tipología de nacionalismos:

argentinismo, argentinidad; bolivianismo, bolivianidad;  chilenismo, chilenidad; colombianismo, colombianidad; costarriqueñismo, costarriqueñidad; cubanismo, cubanidad; dominicanismo, dominicanidad; ecuatorianismo, ecuatorianidad; españolismo, españolidad; filipinismo, filipinidad; guatemaltequismo, guatemalidad; hondureñismo, hondureñidad; mejicanismo, mejicanidad; mexicanismo, mexicanidad; nicaraguanismo, nicaraguanidad; panameñismo, panameñidad; paraguayismo, paraguayidad; peruanismo, peruanidad; puertorriqueñismo, puertorriqueñidad; salvadoreñismo, salvadoreñidad; uruguayismo, uruguayidad; venezolanismo, venezonalidad, aberzale/abertzale; antiespañol; antiespañolismo; antiespañolismo; homogeneizador y nacionalismo.
 

Todos los periodistas, académicos de la Secció Filològica del Institut d'Estudis Catalans y lingüistas que firman las entrevistas, los artículos y las ponencias siguientes han sido calificados por el director de la RAE, don José Manuel Blecua, de «lenguas viperinas» en la rueda de prensa de presentación del acelerado DRAE2014, al tiempo que enfatizaba su preferencia por la palabra libertad, porque, a su particular entender, está «regida por la ley», se supone que la española:

Josep Casullera: «La RAE canviarà el significat del mot 'referèndum' amb vista al 2014», http://www.vilaweb.cat/noticia/4072161/20130109/rae-canviara-significat-mot-referendum-vista-2014.html

Òscar Palau Just: «Cop de Diccionari. Filologia política espanyola». Barcelona: El Punt-Avui, 18/02/2013, núm. 12743, pp. 4-6. Versió digital: http://www.elpuntavui.cat/noticia/article/3-politica/17-politica/620684-filologia-politica-espanyola.html (Se adjunta pdf de la versión en papel.)


David de Montserrat: «Totalitarisme lexicogràfic». http://in.directe.cat/david-de-montserrat/blog/9523/totalitarisme-lexicografic

Màrius Serra: «Legislar la semàntica». http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20130128/54363172727/marius-serra-legislar-la-semantica.html

Josep Casullera: «'Segons la RAE, ja som en un potencial estat de setge'»
http://www.vilaweb.cat/noticia/4179669/20140318/rae-som-potencial-setge.html

Gemma Aguilera: «La RAE combat el catalanisme des de les pàgines del diccionari» http://www.naciodigital.cat/noticia/68652/rae/combat/catalanisme/des/pagines/diccionari
Y: http://www.naciodigital.cat/noticia/68665/silvia/senz/es/molt/greu/submissio/institucions/catalanes/rae

AitziberLaskibar Lizarribar: «Hiztegi kolpea». Andoainen: Berria, 31/05/2014, pp. 16-17. Versió digital: http://www.berria.eus/paperekoa/1828/017/001/2014-05-31/hiztegi_kolpea.htm (Se adjunta pdf de la versión en papel.)

Mònica Terribas (Catalunya Ràdio), entrevista a historiadores y lingüistas sobre «Llibres d'història i diccionaris manipulats i tergiversats», http://www.catradio.cat/audio/820926/Historia-manipulada-o-tergiversada (desde minuto 15, especialmente).

Ricardo Soca: «RAE altera el Diccionario sin consultar academias americanas» http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2014/mayo/senz.html

Mesa redonda de la Scaterm en el IEC: 
S. Senz y M. Alberte: «Lexicografia unitarista espanyola: les esmenes en el DRAE2014 contra el procés català» https://www.youtube.com/watch?v=eEd7bodSd9g (desde min. 23). 
Contenido completo de la ponencia, con un análisis detenido de las enmiendas: Silvia Senz Bueno: «Lexicografia unitarista espanyola: les esmenes en el DRAE 2014 contra el procés català», en Miquel Strubell i Trueta (cur.): La terminologia instrumentalitzada. Barcelona: Institut d’Estudis Catalans, 2015, pp. 21-39.

jueves, 3 de julio de 2014

Marca España: la RAE, Cáritas y el modelo unitarista y neoliberal de Estado español

Acaba de difundirse en prensa el nombramiento de Cáritas y de la RAE como nuevos embajadores honorarios de la Marca España.
La designación de la Real Academia Española para este cargo es absolutamente congruente con el papel simbólico y central de la lengua castellana en la configuración de la imagen exterior de España, y con el servicio que presta la institución rectora de la normalización del español a la «unidad y fortaleza» de España y del idioma, a la diplomacia cultural exterior española y a los valores económicos de la lengua, en beneficio de aquellas empresas del IBEX35 que desde 1993 le han prestado constante apoyo financiero. De hecho, en esta ocasión, el Foro de Marcas Renombradas Españolas ha ortorgado una distinción especial también a Josep Piqué, ex-ministro, consejero delegado y vicepresidente segundo de OHL. Junto con Fundación Endesa, Fundación Iberdrola y Fundación Ramón Areces, y por medio de la Fundación pro RAE, la empresa OHL ha financiado la próxima edición del DRAE (octubre del 2014), repleta de enmiendas en términos políticos y jurídicos, que reflejan y proyectan en el imaginario de los hispanófonos la visión unitarista y neoliberal de los poderes españoles.

Fuente de la imagen:
Barcelona: El Punt-Avui, 18/02/2013, núm. 12743, pp. 4-6: 5.

El nombramiento de Cáritas como embajadora de honor de la Marca España es también sintomático de cómo piensan y actúan los poderes políticos españoles, acatadores de y conniventes con los dictados de los mercados. Que la entidad caritativa española (confesional católica) sea embajadora de la imagen exterior del país dice mucho del momento económico y social que vive la sociedad española, y de cómo se está destruyendo el modelo de estado de bienestar que con tanto esfuerzo se había ido estableciendo. Un término (estado de bienestar) también enmendado, por cierto, de cara al DRAE2014, en completa sintonía con el proyecto de «estado de la caridad» que se está estableciendo en España:


DRAE2001: ~ de bienestar. 1. m. Sistema social de organización en el que se procura compensar las deficiencias e injusticias de la economía de mercado con redistribuciones de renta y prestaciones sociales otorgadas a los menos favorecidos.

DRAE2014 (avance): ~ de bienestar. 1. m. Organización del Estado en la que este tiende a procurar una mejor redistribución de la renta y mayores prestaciones sociales para los más desfavorecidos.

lunes, 16 de junio de 2014

Autoridad, norma y corrección, 2: castellano/español natural frente a castellano/español cultivado

[Viene de: «Autoridad, norma y corrección, 1: autoridad académica y autoridades lingüísticas».]

Español (o castellano, pues ambas palabras se comportan a menudo como sinónimas) es un concepto convencional que, en lingüística,1 sirve para designar un conjunto evolutivo (diasistema), variable en el espacio y también en el tiempo, de múltiples formas de habla —clasificadas, como veremos, en variantes geográficas, sociales y funcionales—, cada una de las cuales es considerada por la ciencia del lenguaje como un sistema de signos que se combinan, siguiendo reglas propias, para construir sentido.



Cuando hablamos de español, pues, nos estamos refiriendo en realidad a un concepto abstracto, es decir, a una clasificación convencional de variedades lingüísticas. Para que se entienda: el español no existe; lo que existe y es tangible son las diversas hablas y variedades cultivadas que lo conforman.
Pero ¿en cuántas variantes exactamente se concreta el español? En la clasificación tipológica de las lenguas que propone Juan Carlos Moreno Cabrera (2003), vemos que el español queda categorizado como sigue: filo indoeuropeo > familia romance (subfamilia occidental) > grupo galo-íbero-romance (subgrupo íbero-romance). 


Dentro de esta categoría, Moreno Cabrera (2003: 188-189) precisa que el español comprende 60 geolectos, además del estándar como variedad artificial: 1 variedad extinta (el mozárabe, hablado hasta el siglo xi en la España musulmana), y 59 variedades geográficas vivas repartidas entre Europa (de las que se mencionan 31 sólo en España), América (de las que se mencionan 24, casi todas variedades nacionales), Asia (español filipino y chabacano, en Filipinas, y judeo-español, vivo en Turquía e Israel) y África (español guineano). Teniendo en cuenta que la variación del español en América no cuenta con el volumen de estudios de descripción dialectológica que sí tiene el castellano en España, cabe concluir que este cómputo de geolectos del español es forzosamente incompleto y que la variedad geográfica es en realidad muchísimo mayor. 

Por tanto, cuando se dice que el español (u otra lengua cualquiera) tiene x número de hablantes —y suponiendo que en el cómputo sólo se cuenten los hablantes de español como primera lengua, lo que no ocurre en absoluto en las hinchadas cifras oficiales— lo que se está diciendo es que la suma de hablantes nativos de las diversas formas convencionalmente agrupadas bajo la etiqueta de español da ese resultado, pero no que haya x número de hablantes que se expresan de la misma manera.
Para diferenciar lo que son variedades de habla clasificables dentro de un mismo grupo de lo que son variedades pertenecientes a otras lenguas, los especialistas utilizan criterios históricos y formales no coincidentes con aquellos tópicos que un grupo de hablantes suele emplear intuitivamente para diferenciarse de otros grupos. 
 
 

 
El principal de estos lugares comunes es el criterio de intercomprensión, es decir, la creencia de que, si dos personas utilizan variedades mutuamente inteligibles pese a las diferencias, puede afirmarse que esas dos variedades forman parte de una misma lengua. 
 


Los propios hechos evidencian que este criterio no es siempre válido: existen variedades lingüísticas tipológicamente consideradas parte de una misma lengua entre las que hay dificultades de intercomprensión, e incluso el caso contrario: lenguas independientes cuyos hablantes se entienden sin gran dificultad. Así, por ejemplo, las distancias interlingüísticas en el bloque de los dialectos italianos o en el de los dialectos alemanes son en ciertos casos mayores que las que se dan en el conjunto de las lenguas escandinavas (noruegos, suecos y daneses). 
 

 
Así pues, la diferenciación que establecen las clasificaciones tipológicas de la lingüística no coincide habitualmente con aquello que un hablante común considera una lengua distinta de la suya. 
 
A pesar de ello, todo hablante tiene conciencia de la existencia de lenguas distintas, cuyos nombres conoce, y es capaz incluso de situar toscamente algunas de ellas en un mapamundi. Pero si observáramos la ubicación y delimitación en un mapamundi de las lenguas que un hablante común manifiesta conocer, veríamos que esa consciencia de la diversidad lingüística está determinada por factores no lingüísticos, precisamente. 
 
En primer lugar, comprobaríamos que las lenguas que los hablantes suelen situar en el mapa mundial son las lenguas con un mayor número de hablantes y mayor extensión territorial, por efecto de una historia expansiva. Y que incluso son lenguas que no son las originarias de dicho territorio, que a menudo han sido minorizadas por la llengua exógena y hegemónica.
 

 
En segundo lugar, que no se suelen situar lenguas distintas en un mismo territorio político.  
En tercer lugar, en la representación de las lenguas del mundo de un hablante común, las lenguas de transición, o fronterizas (aquellas que marcan un punto de confluencia interlingüe y que no han sido eliminadas por procesos políticos de homogeneización), brillan por su ausencia.
 
 


En cuarto lugar, que no se representa tampoco la intravariedad de una misma lengua en el territorio en el que se la sitúa.
 
 

 
Y en quinto lugar, veríamos que el hablante común suele identificar variedades geográficas de una misma lengua como lenguas distintas, por el simple hecho de tener denominaciones diferentes (serbio y croata, o valenciano y catalán) e incluso distintos estatutos jurídicos en sus respectivos territorios.
 
 

 
En definitiva, y por poner un ejemplo claro: el mapa del castellano/español que dibujaría un hablante europeo se parecería al atlas político-histórico del nacimiento y expansión de esta lengua en el mundo, especialmente de los lugares donde se ha implantado (azul oscuro en la imagen).
 


 
El mapa de un «lego» del castellano/español tendría muy poco que ver con el atlas que para esta misma lengua trazaría un especialista en dialectología, cuyas representaciones gráficas de las fluctuaciones e interconexiones entre diversos rasgos de las hablas del castellano/español más bien guardaría parecido con un mapa meteorológico. 
 


 
Distribución del voseo:
  hablado + escrito
  principalmente hablado
  hablado, en alternancia con el tuteo
  ausente



 

 
 
Este simple ejercicio de observación de la percepción que el hablante común tiene de las fronteras lingüísticas pone en evidencia que lo que se identifica y sitúa habitualmente como lengua no es ciertamente una lengua real, sino un artefacto funcional, ideológico y político, con fines homogeneizadores, al que conocemos como lengua estándar (o normativizada).
El estándar de una lengua no es un reflejo de la lengua viva, sino una elaboración restrictiva de la variedad, convencional y en buena medida arbitraria, que sirve de patrón de referencia para diversos usos (escritura, enseñanza a a extranjeros, comunicación intralingüe...). 
El estándar se construye artificialmente a partir de una o más lenguas (variedades) naturales, a las cuales se superpone, sin llegar a reemplazarlas, y se difunde como consecuencia de:
1) la acción conjunta de determinadas condiciones históricas, ideológicas y socioeconómicas
2) de las políticas aplicadas sobre los grupos lingüísticos y culturales humanos —en las que tienen participación principal las academias de la lengua—; 
3) de ciertos instrumentos de difusión, y 
4) de determinados mecanismos psicosociales. 
 
Así pues, es posible afirmar que nadie habla propiamente una lengua, sino modalidades diversas. Y nadie habla un estándar que solo existe en el papel—, sino modalidades de lengua más o menos formales.


Al igual que el concepto técnico y convencional de lengua es, como hemos visto, una abstracción creada para el estudio filogenético y ontogenético de las hablas humanas en el tiempo y en el espacio geográfico y social, para la clasificación de la variedad verbal también se han establecido categorizaciones.  

En una primera instancia, se distingue entre dos tipos principales de variedades del lenguaje verbal:

  • las asociadas a los usuarios (hablantes), derivadas de las características de los individuos y los grupos humanos;
  • las asociadas al uso verbal, o funcionales, derivadas de las diversas formas de aplicación del lenguaje verbal y de su función en la sociedad y en el mundo cultural.

Estas variedades principales se subdividen y manifiestan a su vez en otras más:

1. Variedades asociadas a los usuarios:
a) variedades individuales, o idiolectos, que responden a características personales de la forma de expresión de un hablante;
b) variedades diacrónicas, o cronolectos, observables a lo largo de la historia de una lengua;
c) variedades diastráticas, o sociolectos, relacionadas con la pertenencia a un determinado grupo o clase social;
d) variedades diatópicas, o geolectos (tradicionalmente llamados también dialectos, término ambiguo en desuso), que caracterizan las formas de expresión de los hablantes de una zona geográfica delimitada.

2. Variedades asociadas al contexto de uso de una lengua (también llamadas registros, variedades diatípicas o variedades diafásicas): uso general/específico, formal/informal, general/local, objetivo/subjetivo, preparado/espontáneo, científico, literario, etc., que presentan a su vez gradaciones y subdivisiones estilísticas. 


Un estándar lingüístico suele estar asociado con los grados más alto de los registros formal, general y escrito, es decir, con variantes artificiales y cultivadas de una lengua, con características propias y muy alejadas del lenguaje natural (oral y conversacional).

En efecto, contrariamente al lenguaje oral, el lenguaje escrito es un artificio humano (no natural) elaborado deliberadamente en ciertas sociedades —no en todas, por lo que no es un rasgo común de la especie humana—, con diversos fines y aplicaciones, y enmarcado en una situación de comunicación verbal con características peculiares y diferenciadas de la comunicación oral, cuyas diversas formas (sistemas de escritura, tipologías textuales y estilos) responden a peculiaridades de cada lengua y a distintas tradiciones y contextos de uso de la lengua escrita. 
El lenguaje escrito cuenta, en relación con el oral conversacional, con muchas más desventajas que ventajas: tiene a su favor una capacidad de almacenaje, preservación y transmisión duradera del conocimiento y de la creación cultural verbal muy superior al de la memoria humana y la transmisión intergeneracional; y en su contra tiene el hecho de ser un código comunicativo deficitario, que presenta un potencial muy inferior de eficacia: no cuenta con las ventajas de la presencia y reconocimiento del receptor; del feedback comunicativo y de la posibilidad de detección y reparación inmediata de desajustes e interferencias; del refuerzo proxémico, paralingüístico y no verbal; de la comunicación multicanal... 
Para suplir estas importantísimas carencias y optimizar sus ventajas, los artífices del código escrito (escritores, retóricos, gramáticos, ortógrafos...) desarrollan paulatina y convencionalmente todo un aparato de complejas reglas de construcción y de recursos paratextuales y expresivos, en parte tomados del habla natural, en parte elaborados. La formalización de las artificiosas reglas del código escrito requiere un análisis y descripción del lenguaje natural en el que se apoya, así como de los fenómenos de representación y construcción exclusivos del código escrito. Esta descripción (materializada en ortografías, gramáticas, manuales de retórica y estilística...) requerirá a su vez del desarrollo de un metalenguaje, es decir, de un lenguaje que permita conceptualizar el sistema descrito, y estará determinada por las teorías lingüísticas y los modelos de análisis que prevalgan en una época determinada. A medida que el código escrito evolucione y también lo hagan las teorías lingüísticas y los modelos de análisis, los términos de la descripción variarán (o deberían variar).

Además de ser útil para los teóricos del lenguaje, la descripción de una lengua se emplea en la enseñanza de las reglas de escritura. Así, por ejemplo, haber definido el número gramatical y distinguido los morfemas de singular y plural, y haber establecido categorías y subcategorías gramaticales como artículo y sustantivo, e indefinido y definido permite:

  • clasificar una como forma femenina singular del artículo indefinido un, y radio ( que entra como cultismo ya en el primer diccionario académico, de Autoridades) como sustantivo femenino singular,
  • enseñarle al niño que el artículo y el sustantivo, en castellano, se escriben de manera segmentada.

El problema surge cuando esta clasificación topa con la evidencia de que la mayoría de formas sustantivas acabadas en -o en español no son femeninas, sino masculinas. Cuando en la escuela se le enseña a un niño lo contrario no se le están transmitiendo simples descripciones de una lengua, útiles para aprender a escribirla, sino un modelo de lengua establecido en un estándar (el estándar académico del castellano) en el que se priman las realizaciones de las élites cultas y del registro escrito, de tal modo que a menudo se fijan como normativas ciertas formas lingüísticas que no se ajustan a los patrones de la lengua natural. Este es el caso del ejemplo que hemos expuesto: el estándar español consagra la grafía una radio y, con ello, el género femenino de este sustantivo, a contracorriente de la tendencia histórica del castellano a acomodar las palabras extrañas (cultismos o extranjerismos) a sus propias reglas; en este caso, a masculinizar los sustantivos acabados en -o (R. Menéndez Pidal, 1987 [18.ª ed.]: 11 y 213), de la que se derivan la pronunciación y flexión populares un arradio, el arradio, etc., consistentes con los rasgos endógenos del idioma.

  
Cuando ciertas gramáticas supuestamente descriptivas clasifican de agramaticales estas y otras formas, a sabiendas de que no hay forma de lenguaje natural sin reglas o con reglas deficientes —porque de ser así la comunicación entre sus hablantes sería imposible—, podemos decir que se está incurriendo en una manipulación deliberada e irresponsable de las ideas que los hablantes albergan sobre sus variantes, con el fin de promover la adhesión a aquellas formas que sirven de base al estándar y, con ello, la uniformación de los usos. Y decimos «irresponsable» porque los efectos de esa manipulación en el hablante cuya variante es tildada de incorrecta son siempre la marginación, la inseguridad lingüística o el autoodio.

Cuando, por otra parte, la norma estándar tilda de incorrecto un uso generalizado en una determinada variedad natural creyéndolo verdaderamente un desajuste del sistema lingüístico al que pertenece, muy a menudo se da el caso de que tal uso es deficientemente comprendido, o no comprendido en absoluto, por el gramático o la institución prescriptivista que lo reprueba, bien debido a sus propias limitaciones analíticas, bien debido a que la información disponible sobre el fenómeno (descripción) es insuficiente para analizarlo debidamente. Para colmo, este tipo de excepciones artificiosas a una regla natural dificultan el aprendizaje de la lengua escrita: cuando, en los puntos de contacto entre lo oral y lo escrito, mayor sea la distancia que abre el estándar, tanto más habrá que estudiar sus reglas, y más fallos habrá en su empleo. 
 
Formas intermedias entre lo oral y lo escrito son, además, los registros orales formales o protocolarios: disertaciones en forma de monólogo o conversaciones ritualizadas, previamente planificadas según patrones elaborados, sistemáticos y más o menos fijados. 
 
Todavía lejos del dominio académico se desarrollan espontáneamente otras formas de intersección de lo oral y lo escrito a que ha dado pie la extensión de sistemas de teleconversación escritos (correo electrónico, chats en línea, mensajes cortos [sms]...). Resultado de ello son nuevas tipologías textuales muy cercanas a la lengua coloquial, que incorporan recursos de representación de la información no verbal y paraverbal propios, ajenos a los cánones establecidos por los gramáticos prescriptivistas y las academias, para enorme irritación de estos.


Tales formas de oralidad escrita prueban de nuevo los límites comunicativos de lo escrito y, al mismo tiempo, muestran que pueden desarrollarse y probarse nuevos códigos de comunicación interpersonal de manera consensuada, capaces de evolucionar con la propia deriva tecnológica y las nuevas condiciones de interacción, sin necesidad de contar con la supervisión y aprobación de ningún organismo de estandarización.
Notas 
1 Decimos «en lingüística» para enfatizar que la palabra español tiene, en sus usos ideológico y político, una dimensión nacionalista, esto es, identitaria y unitarista.

Fuentes bibliográficas

Menéndez Pidal, Ramón (1987): Manual de gramática histórica española, 18. ª ed., Madrid: Espasa-Calpe. 
Moreno Cabrera, Juan Carlos (2003): El universo de las lenguas: clasificación, denominación, situación, tipología, historia y bibliografía de las lenguas, Madrid: Castalia. 
(2008b) «Gramáticas y academias. Para una sociología del conocimiento delas lenguas», Arbor, vol. clxxxiv, núm. 731 (mayo-junio 2008), pp. 519-528. 
Senz, Silvia, Jordi Minguell y Montserrat Alberte: «Las academias de la lengua española, organismos de planificación lingüística», en: Silvia Senz y Montserrat Alberte: El dardo en la Academia, Barcelona: Melusina, 2011, vol. 1, pp. 371-550.

 
 Silvia Senz